Hace 20 años, una loca marca inglesa de deportivos decidió montar el motor V10 del Dodge Viper en un roadster que llegó a 1.026 CV

Bristol Fighter era un espectacular deportivo fabricado de manera totalmente artesanal, equipado con el motor V10 del Dodge Viper y podía alcanzar los 433 km/h.
Ahora que el mundo del otor es cada vez más aburrido, con coches que parecen todos cortados por el mismo patrón y sin ningún tipo de emoción, es cuando echamos de menos aquellos deportivos que vimos hasta los 2000. Hubo uno muy especial equipado con un motor V10 del Dodge Viper y peso muy contenido: el Bristol Fighter.
En el Reino Unido han prodigado diferentes fabricantes no tan conocidos como los habituales Aston Martin, Jaguar, Land Rover, Rolls-Royce o Bentley. Marcas mucho más artesanales, de producciones muy limitadas, que hacían coches muy especiales. Por ejemplo, Morgan, TVR o Bristol.
Bristol es una de las marcas de automóviles más peculiares que ha habido por diferentes motivos, como la manera de hacer sus coches deportivos o no contar con un distribuidor. El que quería comprar alguno de sus coches, tenía que hacerlo directamente en la fábrica. Esto explica también que sea poco conocida.
Esta marca británica se fundó en 1945, justo al acabar la Segunda Guerra Mundial, y pertenece al grupo Bristol Aeroplane Company (BAC), creado en 1910. Hasta 1999, Bristol fabricaba grandes berlinas de lujo y discretas, como el Beaufighter, el Blenheim y el Britannia.
Pero ese año, la compañía inglesa anunció su entrada en el segmento de los superdeportivos a partir de 2001. El plan era desarrollar y fabricar un coupé con puertas de alas de gaviota y motor V10, fabricando 20 unidades anuales.
Bristol Fighter, el deportivo inglés con alas de gaviota

Nuestro amigo, el Bristol Fighter, empezó a concebirse en 2001, cuando se presentaron los primeros bocetos bajo encargo y muy pocas unidades producidas anualmente, apenas una veintena. Todas, por supuesto, ensambladas de manera artesanal. Incluso, la mayoría de las piezas las fabricaba la propia Bristol.
En verano de 2003, se presentó por primera vez un chasis rodante realizado por Max Boxström, quien previamente había diseñado el Aston Martin AMR-1 que participó en las 24 Horas de Le Mans de 1989. Aunque Bristol había hablado inicialmente de un chasis fabricado completamente en aluminio, el resultado final fue uno con una estructura de sección cuadrada de acero enormemente resistente, con piso de nido de abeja de aluminio y un par de aros antivuelco sustanciales.
La suspensión era propia de un coche de carreras, con doble horquilla en los cuatro extremos, combinada con amortiguadores telescópicos y resortes helicoidales, además de una barra estabilizadora en cada extremo. Gracias a sus 15 centímetros de recorrido de suspensión, el Fighter se movía serenamente.
Además, pesaba 1.540 kg en vacío y era sorprendentemente ágil, teniendo en cuenta que tenía un enorme V10 procedente de un Viper colgado delante.
En cuanto a la carroceríam era la típica de Bristol, lo que significaba que estaba hecha a mano, principalmente de aluminio. Las aletas, el techo y el capó eran de aleación, mientras que las puertas de alas de gaviota y el portón trasero eran de un compuesto de fibra de carbono.
Tenía unas proporciones muy diferentes a las de la mayoría de los superdeportivos de la época. El Fighter era más estrecho y alto, pero también más aerodinámico, con un coeficiente de resistencia de tan sólo 0,28.
El V10 del Dodge Viper, modificado hasta superar los 1.000 CV

Ni qué decir que el elemento más sorprendente del Bristol Fighter estaba bajo su capó. Ahí se ocultaba el motor V10 procedente del Dodge Viper, en su versión de 8.0 litros, pero, con árboles de levas propios de Bristol para modificar la entrega de potencia.
Ubicado bastante atrás en el chasis para ofrecer una distribución de peso de 48 delante y 52 detrás, el V10 desarrollaba una potencia descomunal para brindar un rendimiento aún más impresionante. Producía 532 CV y 712 Nm de par, suficientes para acelerar de 0 a 100 km/h en 4 segundos, junto con una transmisión manual de seis relaciones, y alcanzar los 337 km/h. El cambio también derivaba del Viper, aunque Bristol le hizo algunos ajustes.
Sin embargo, hubo quienes consideraron que los 532 CV sabían a poco. Así que Bristol introdujo una opción con el motor mejorado en 2004. Con ajustes en diversas áreas, como el sistema de gestión del motor y el colector de escape, la potencia alcanzó unos respetables 636 CV, mientras que el par motor se incrementó a unos impresionantes 786 Nm. A esta versión se la denominó Fighter S.
Pero en 2006, la compañía británica volvió a subir la apuesta con el Fighter T, donde la ‘T’ significaba que añadía un par de turbocompresores que incrementaban la potencia hasta unos salvajes 1.026 CV. Esto le permitía alcanzar los 433 km/h de velocidad punta, aunque Bristol la limitó electrónicamente a 360 km/h.
Por desgracia, la empresa quebró en 2011 sin que hubiese completado la construcción de ningún Fighter T. En ese momento, había unas cuantas unidades fabricadas de la versión normal.
