El Proyecto Skorpion fue una loca iniciativa en la que Audi casi acaba con su prototipo ganador de Le Mans convertido en un hiperdeportivo diésel de calle

Proyecto Skorpion
Proyecto SkorpionAugust Horch Museum (Instagram)
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A punto estuvo Audi de llevar su prototipo que dominaba en Le Mans directamente a la carretera con un hiperdeportivo diésel de producción muy limitada.

Audi estuvo a punto de hacer algo que, visto con perspectiva, encaja perfectamente en esa época dorada en la que las marcas trasladaban sin complejos la tecnología de los circuitos a la carretera. El llamado Proyecto Skorpion fue el intento más ambicioso de la firma de Ingolstadt por convertir su dominio en las 24 Horas de Le Mans en un hiperdeportivo diésel de producción limitada. 

El proyecto fue una idea tan atrevida como coherente si se tiene en cuenta el contexto, ya que entre los años 2000 y 2014, Audi ganó la mítica carrera de resistencia en 13 ocasiones, ocho de ellas con prototipos equipados con motores diésel y cinco con mecánicas de gasolina. De hecho, su tecnología diésel provocó un cambio en las reglas de juego de la legendaria carrera de resistencia.

Durante esos años, la marca vencía en los circuitos mientras se convertía en un referente en materia tecnológica. El diésel, que muchos asociaban exclusivamente a la eficiencia y al uso en turismos de calle, se convirtió en un arma ganadora en las carreras de resistencia gracias a su combinación de consumo contenido, fiabilidad y un gran par motor.

De Le Mans a la calle

Ese éxito sostenido fue el caldo de cultivo perfecto para que alguien en Audi se preguntara si toda esa tecnología forjada en la alta competición se podría trasladar a la carretera convertida en un exclusivo hiperdeportivo.

De esa loca iniciativa nació lo que a nivel interno se conoció como el Proyecto Skorpion. La intención era crear una nueva punta de lanza derivada del departamento de Audi Sport, un coche que debería estar incluso por encima del ya venerado Audi R8.

La idea iba más allá de un simple ejercicio de diseño. Los de Ingolstadt buscaba dar forma a un auténtico coche de producción que trasladara directamente el ADN del Audi R18, el prototipo que ganó las 24 Horas de Le Mans cuatro veces consecutivas entre 2011 y 2014, directamente a las carreteras.

Los detalles técnicos del proyecto siempre fueron muy limitados, algo habitual cuando se habla de desarrollos internos que nunca llegaron a materializarse. Aun así, se sabe que la base conceptual era una versión de calle del mencionado Audi R18.

Este prototipo de competición montaba un motor V6 TDI de 3.7 litros que en 2011 no era híbrido, pero que en 2012 incorporó cierto grado de electrificación para mejorar su rendimiento, todo ello combinado con la eficiencia en materia de consumo que aportaba el motor turbodiésel. En 2014, la cilindrada aumentó hasta los 4,0 litros, consolidando una evolución constante en busca de mayor eficiencia y prestaciones.

No era la primera vez que Audi coqueteaba con un superdeportivo diésel. En 2008 presentó el Audi R8 TDI Le Mans Concept, equipado con un V12 turbodiésel de 6.0 litros que desarrollaba 500 CV y hasta 1.000 Nm de par. Aquel concept car ya dejaba claro que la marca veía en el diésel algo que también podía ser extremo, prestacional y exclusivo.

El ambicioso Proyecto Skorpion

En el caso del Skorpion, la producción prevista era de 333 unidades. Una cifra muy baja, acorde con el coste de desarrollo y con el posicionamiento de un modelo que aspiraba a convertirse en una pieza casi de colección desde el primer día.

Se estimaba que la potencia del motor de combustión interna estaría entre los 400 CV y los 550 CV, con la posibilidad de optar por tracción quattro o propulsión trasera.

El diseño también bebía directamente de los prototipos de resistencia. El estudio expuesto años más tarde en el Museo Horch de Audi, en Zwickau, permite intuir cómo habría sido el resultado final. La silueta era extremadamente baja, con una cabina compacta y pequeñas ventanas, una aleta longitudinal que recorría toda la parte superior del vehículo y un gran alerón trasero fijo.

El frontal destacaba por un splitter de generosas dimensiones, acompañado de taloneras marcadas y un difusor trasero igualmente prominente. La fibra de carbono era protagonista en todos los elementos aerodinámicos, mientras que las llantas OZ Racing con bloqueo central y neumáticos slick de Hankook reforzaban esa imagen de coche prácticamente de competición, pero matriculable.

El Proyecto Skorpion representó la materialización de una época en la que Audi dominaba Le Mans y quería que el mundo lo supiera también fuera de los circuitos. Sin embargo, la iniciativa fue cancelada dos años antes de que estallara el escándalo del ‘Dieselgate’ en 2015. De haber seguido adelante, es probable que aquel contexto hubiese precipitado igualmente su final.

Con el paso del tiempo, Skorpion se ha convertido en uno de esos proyectos que alimentan la leyenda interna de las marcas. Audi quiso llevar su prototipo ganador de Le Mans a la carretera en forma de hiperdeportivo diésel. Lo tuvo cerca. Pero, como ocurre tantas veces en la industria del automóvil, no todo lo que se sueña en los despachos y túneles de viento termina rodando sobre el asfalto.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España