El Renault Mégane R26.R se convirtió en el rey del Infierno Verde. Y fue gracias al motor F4RT y a una puesta a punto sin igual

Renault Mégane R26.R
Renault Mégane R26.R

La lucha entre los mejores compactos deportivos de tracción delantera con el tiempo en Nürburgring más rápido comenzó con este Renault Mégane.

Hablar del Nürburgring Nordschleife, el temido “Infierno Verde”, es hablar de uno de los escenarios más exigentes del mundo del motor, una vara de medir que, como suele decirse, “separa el grano de la paja”. Y en 2008, un compacto francés rompió todos los esquemas que había en aquella época: el Renault Mégane R26.R logró un tiempo de 8 minutos y 16,9 segundos, convirtiéndose en el coche de tracción delantera más rápido en ese momento en el trazado alemán y en el rey de los compactos deportivos. 

Lo más llamativo no fue solo el récord, sino cómo lo consiguió. No era el coche más potente ni el más sofisticado tecnológicamente. Su secreto estaba en una combinación muy bien afinada: el motor F4RT y una obsesiva reducción de peso acompañada de una puesta a punto radical.

El corazón del R26.R era el conocido bloque F4RT, un motor 2.0 turbo de cuatro cilindros desarrollado por Renault Sport. Este propulsor destacaba por su equilibrio entre prestaciones y fiabilidad, con una potencia de 230 CV y un par cercano a los 300 Nm. No estaba mal para principios de los 2000, pero tampoco era una locura.

Sin embargo, más allá de las cifras, su carácter era lo que realmente marcaba la diferencia: entrega contundente desde bajas vueltas, buena capacidad de estirarse y una respuesta muy aprovechable en conducción deportiva. El bloque se combinaba con una caja de cambios manual de 6 velocidades y con un sistema de tracción delantera, con diferencial de deslizamiento limitado. Gracias a ello era capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 6,0 segundos.

Este motor, además, contaba con elementos clave para soportar un uso intensivo en circuito, como un turbo de soplado relativamente alto, una gestión electrónica afinada y componentes reforzados en su arquitectura. Así, aunque no era un motor extremo en cifras absolutas, sí era muy eficaz en la vida real, especialmente en tramos revirados, y también daba el do de pecho en circuitos técnicos como Nürburgring, donde la entrega de par y la tracción son determinantes.

Pero si el motor era importante, la verdadera magia del Renault Mégane R26.R estaba en su concepción como coche. Renault Sport tomó como base el Mégane R26 convencional y lo llevó al extremo con una receta clara: quitar peso y mejorar todo lo relacionado con el comportamiento dinámico. El resultado fue un compacto radicalmente aligerado, con unos 123 kg menos que el modelo estándar, algo clave cuando décima de segundo cuenta para conseguir un récord.

Para lograrlo, eliminaron elementos como los asientos traseros, el sistema de sonido, el aire acondicionado (que en la versión comercializada se podía instalar de manera opcional) e incluso sustituyeron materiales por otros más ligeros, como las ventanas de policarbonato. El interior podía incluir jaula antivuelco, reforzando su enfoque claramente orientado a circuito.

A esto se sumaba una puesta a punto muy específica. La suspensión fue revisada en profundidad, con ajustes pensados para maximizar el agarre y la precisión en curva. El diferencial autoblocante mecánico jugaba un papel clave para digerir la potencia en el eje delantero, permitiendo acelerar antes a la salida de las curvas sin perder tracción.

También contaba con un sistema de frenos con discos ranurados de 312 mm de diámetro mordidos por pinzas Brembo de cuatro pistones en el tren delantero, además de que calzaba neumáticos Michelin Pilot Sport 2.

El resultado de esta combinación fue un coche extremadamente eficaz. En Nürburgring, donde cada curva pone a prueba el vehículo y cada recta exige pegada al motor y una punta que al menos sea decente, el R26.R demostró que un tracción delantera podía competir con coches mucho más potentes. Su récord de 8:18.9 fue un golpe sobre la mesa en el segmento de los compactos deportivos.

Ese logro, además, marcó el inicio de una especie de “guerra” entre fabricantes por el récord de tracción delantera en el Nordschleife. Renault fue pionera en explotar ese argumento como herramienta de marketing, y el R26.R abrió el camino a una saga de modelos cada vez más radicales.

Con el paso de los años, ese récord ha sido superado en múltiples ocasiones, con un toma y daca constante entre el modelo francés y el Honda Civic Type R. El actual referente entre los coches de tracción delantera lo ostenta otra evolución de la misma familia: el Renault Mégane R.S. Trophy-R, que en 2019 logró parar el crono en 7 minutos y 40,1 segundos.

Sin embargo, esa es la mejor marca en el trazado de 20,6 km de longitud. Cuando hace unos años se modificó, ampliándolo hasta los 20,8 km, el francés se quedó en 7:45.39, siendo desbancado por en 2023 por el Civic Type R con un tiempo de 7:44.88.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España