Tramac, Gravel, Snow: tres palabras que acompañaron al Mitsubishi Lancer Evolution desde 2001 y que adelantaron a los modos de conducción actuales, pero sin actuar sobre el motor

El Mitsubishi Lancer Evolution fue uno de los deportivos japoneses más versátiles por su buen rendimiento en varios terrenos. En esto ayudó su diferencial central activo (ACD) y los modos Tarmac, Gravel y Snow.
Los modos de conducción están a la orden del día en los coches modernos y prácticamente cualquier modelo cuenta con un modo Eco y un modo Sport. No siempre ha sido así, pero hace años que el Mitsubishi Lancer Evolution ha contado con algo parecido en cierto modo, con su diferencial central activo (ACD) y los modos Tarmac, Gravel y Snow.
La berlina deportiva de Mitsubishi ha sido una referencia de los deportivos japoneses durante años, especialmente en la década de los 2000. El Mitsubishi Lancer en su variante Evolution era un coche con un concepto traído de los rallies y eso le hacía diferenciarse del resto, gracias a un rendimiento sensacional en diferentes superficies. Esto es algo que fue más allá con el diferencial central activo (ACD), introducido en el Evo VII en el año 2001.
Originalmente este era un sistema pensado para complementar al sistema Active Yaw Control (AYC), una tecnología de control vectorial del par que ajustaba las fuerzas de tracción y frenado. El ACD no se incluyó en todos los mercados en un inicio, pero a lo largo de la década del 2000 se pudo encontrar en acabados como el RS.

Con la llegada del Mitsubishi Lancer Evolution IX, el sistema ACD se incluyó como parte del equipamiento de serie y su objetivo era ofrecer el mejor rendimiento en diferentes firmes. Para ello, se incluyeron tres modos que podía seleccionar el conductor y que variaban la respuesta del diferencial activo: Tarmac, Gravel y Snow.
En esencia, el modo Tarmac era el enfocado al asfalto seco, mientras que el Gravel no solo estaba enfocado a la conducción en tierra o gravilla, sino también en carreteras mojadas. Finalmente, el modo Snow era el más enfocado a firmes más deslizantes o a la conducción en nieve, como su nombre indica.
Si bien la diferenciación de cada uno de estos modos estaba clara, su funcionamiento y cómo afectaban al ACD no quedó demasiado claro. Al contrario de lo que se pudiera pensar, cada modo no influía sobre el reparto de par entre el eje delantero y el trasero, que siempre permanecía en una relación 50:50. En su lugar, cada modo variaba el tiempo que tardaba el diferencial central en ser liberado después de que se haya recibido la información del giro de volante llevado a cabo por el conductor.

En esencia, el diferencial central activo (ACD) del Lancer Evolution se bloqueaba, liberaba u ofrecía varios niveles de bloqueo de forma automática en función de la situación mediante una unidad de control. El sistema calculaba el nivel de bloqueo óptimo a partir de los datos de recibidos por los sensores del coche, de manera que siempre se ofreciera la mejor estabilidad y tracción.
El objetivo de esta tecnología era proporcionar el mejor paso por curva, mientras se reducían las pérdidas de agarre. Asimismo, los modos Tarmac, Gravel y Snow servían como un modo de configuración para el propio diferencial, en lugar de ser modos de conducción como tal. Básicamente actuaban como mapas predeterminados enfocados a unos u otros terrenos para que la conducción fuese aún más afinada en distintas situaciones.
Sobre el papel era una tecnología llamativa e innovadora, aunque algunos conductores de la berlina deportiva japonesa han reconocido no sentir una gran diferencia entre unos y otros modos e incluso han preferido utilizar los modos en terrenos para los que en teoría no estaban enfocados porque se ajustaban más a su forma de conducir. No es algo extraño, ya que el reparto de par no variaba y el principal cambio era el tiempo de respuesta del control electrónico del diferencial central.
En el modo Tarmac, el sistema actuaba de forma más inmediata y liberaba con rapidez el diferencial en los giros, mientras que el Gravel ofrecía una respuesta unos dos o tres segundos más lenta. El modo Snow es el que más tardaba en liberar el diferencial, en torno a 4 y 5 segundos. Así, el Mitsubishi Lancer Evolution buscó ofrecer una versatilidad en el comportamiento deportivo que muy pocos modelos de su tiempo podían alcanzar.
