En los años ’90, el Renault Spider iba a ser un deportivo de la marca Alpine. Empezó a venderse sin parabrisas, pesaba solo 900 kilos y montaba el motor F7R de 150 CV del Clio Williams

Renault Spider
Renault SpiderPeter Singhof - Artcurial

El Renault Spider es uno de los coches más peculiares a los que la marca francesa dio forma en los años ’90, un deportivo pensado para competir que podías conducir por la calle.

A principios de la década de 1990, Renault atravesaba uno de sus mejores momentos en competición. La marca francesa acumulaba éxitos en la Fórmula 1 como proveedor de motores y quería trasladar parte de esa imagen deportiva a la carretera. El resultado fue uno de los coches más peculiares que ha fabricado jamás la compañía, el Renault Spider, un pequeño roadster de motor central que, curiosamente, estuvo muy cerca de comercializarse como un modelo Alpine y que acabó convirtiéndose en el primer automóvil de producción firmado por Renault Sport.

Con un peso de apenas 900 kilos, el Spider prescindía de cualquier elemento superfluo y, durante sus primeros meses de vida, ni siquiera llevaba parabrisas. En su lugar, Renault instaló un pequeño deflector aerodinámico que desviaba el aire por encima de la cabeza de los ocupantes. La propia marca recomendaba conducir con casco, ya que a velocidades elevadas el viento y cualquier pequeño objeto proyectado podían convertirse en un auténtico problema.

El primer Renault Sport de la historia

El origen del Renault Spider se remonta a principios de los años ‘90, cuando la firma gala comenzó a desarrollar un deportivo ligero que sirviera tanto como escaparate tecnológico como base para una futura copa monomarca. El proyecto recibió el código interno W94 y, durante buena parte de su desarrollo, estuvo previsto que fuera comercializado bajo la marca Alpine.

Sin embargo, tras el cierre de la producción del Alpine A610 y la reestructuración interna del fabricante francés, Renault decidió recuperar el proyecto como el primer modelo de calle de Renault Sport.

El prototipo final debutó en el Salón del Automóvil de Ginebra de 1995 y apenas un año después comenzó su producción en la histórica fábrica de Dieppe. De las líneas de montaje salieron casi 1.700 ejemplares hasta que cesó la producción en 1999, convirtiéndose así en uno de los Renault más exclusivos de la era moderna.

El Spider carecía de dirección asistida, tampoco disponía de servofreno, ABS ni controles electrónicos de estabilidad, mientras que el equipamiento era prácticamente testimonial. Todo estaba orientado a reducir peso y ofrecer las máximas sensaciones al volante.

Uno de los aspectos más avanzados del Spider era su construcción. Renault desarrolló un chasis monocasco fabricado en aluminio. Sobre él instaló una carrocería de materiales compuestos, logrando así ese peso de apenas 900 kilos del que presumía el modelo. Además, solo medía 3,8 metros de largo, con una altura de 1,25 metros y un habitáculo para dos ocupantes.

Alma de Clio Williams

Renault Spider
Renault SpiderTom Wood - RM Sotheby's

La parte mecánica era otro de sus grandes atractivos. Renault recurrió al conocido motor F7R, el mismo propulsor que había dado fama al Renault Clio Williams. Se trataba de un bloque atmosférico de cuatro cilindros en línea, 2.0 litros, culata de doble árbol de levas y 16 válvulas, instalado ahora en posición central transversal, justo por delante del eje trasero.

Este motor desarrollaba 150 CV de potencia y 185 Nm de par máximo, enviados exclusivamente a las ruedas traseras mediante una caja de cambios manual de cinco velocidades. Sobre el papel, el Renault Spider aceleraba de 0 a 100 km/h en 6,9 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 210 km/h. Sin embargo, el objetivo nunca fue ofrecer la mayor velocidad punta posible. Su verdadera razón de ser estaba en el comportamiento dinámico.

La distribución de pesos derivada del motor central, el chasis de aluminio y una suspensión desarrollada para la competición daban como resultado un coche radical y preciso. Tanto en el eje delantero como el trasero se instaló un sofisticado sistema de doble triángulo superpuesto accionado mediante esquema push-rod. Encargado de la frenada había un sistema de discos ventilados en las cuatro ruedas.

Su variante de competición, el Renault Spider Trophy

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Renault SpiderTom Wood - RM Sotheby's

En 1997, Renault introdujo una de las pocas concesiones al confort que recibió el modelo durante su vida comercial. Apareció una nueva versión equipada con parabrisas convencional y limpiaparabrisas, pensada para mercados como el británico, donde la ausencia total de protección frente al viento limitaba su uso cotidiano.

Paralelamente, Renault dio vida al Spider Trophy, la variante destinada a los circuitos. Este modelo servía de base para la copa monomarca organizada por Renault Sport y elevaba el rendimiento del conocido motor F7R hasta los 180 CV. También incorporaba un completo arco antivuelco de seguridad, suspensiones específicas y transmisiones adaptadas al uso intensivo en competición.

Aunque comercialmente nunca alcanzó grandes cifras de ventas, el Renault Spider cumplió el objetivo para el que había sido concebido. Demostró que Renault Sport era capaz de desarrollar deportivos con personalidad propia y sirvió como punto de partida para una larga saga de modelos de altas prestaciones que continuaría pocos años después con los Clio RS y Mégane RS.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España