"Yo construyo deportivos, tú construyes tractores". El origen de los deportivos de Lamborghini llegó después de que Ferruccio escuchara esta frase

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Lamborghini es una de las marcas de superdeportivos más importantes, pero no estaríamos hoy hablando de ella de no ser por la frase de Enzo Ferrari a Ferruccio Lamborghini que lo empezó todo.
En la actualidad es imposible hablar de superdeportivos italianos sin pensar en Lamborghini. La firma de Sant’Agata Bolognese es una de las más punteras en el terreno prestacional, pero lo curioso es que su entrada en la fabricación de coches deportivos no habría sido posible sin una frase que Ferruccio Lamborghini escuchó de los labios de otro gran personaje de la historia del motor: Enzo Ferrari.
Seguro que ya lo sabes, pero te lo vamos a recordar. Lamborghini fue fundada en 1948 pero no nació como un fabricante de deportivos, sino de tractores. Ferruccio Lamborghini, su fundador, se centró en la fabricación de maquinaria agrícola tras la Segunda Guerra Mundial y sus tractores ganaron una gran popularidad, lo que le hizo amasar suficiente fortuna como para contar con un buen garaje de superdeportivos.

Por supuesto, si querías un coche rápido en aquellos años, tenías dinero y vivías en Italia, tenías que comprar un Ferrari. Entre otros modelos, el fundador de la marca de tractores se hizo con un Ferrari 250 GTB, pero la experiencia como propietario no fue precisamente agradable. El deportivo italiano sufrió todo tipo de problemas mecánicos, especialmente en el embrague, el cual no era precisamente de la mejor calidad.
Ante esta situación, Ferruccio Lamborghini tuvo la idea de acudir a Maranello en persona para hablar con Enzo Ferrari. Dado que era mecánico de profesión, dio con una forma de mejorar el embrague y quiso compartirla con el fundador de la firma de superdeportivos, así como proponerle una alianza que les permitiera concebir algunos de los mejores coches del planeta. No obstante, Ferrari no reaccionó como era esperado.
Ante la sugerencia del fabricante de tractores, Enzo le espetó que no tenia autoridad para opinar sobre sus deportivos y añadió “yo construyo deportivos, tú construyes tractores. Limítate a ellos”. Por supuesto, la falta de respeto fue tal que Lamborghini decidió llevar a cabo una especie de venganza personal. Además de tractores, iba a fabricar deportivos y debían ser mejores que los de Maranello.
El resultado llegó en forma de un primer modelo en el Salón del Automóvil de Ginebra de 1964. Se llamaba Lamborghini 350 GT y se trataba de un elegante deportivo movido por un motor V12 atmosférico de 3,5 litros que supuso toda una declaración de intenciones por parte del fabricante de Sant’Agata Bolognese. Allí nació la fabricación de coches por parte de la marca y toda una leyenda del automovilismo europeo.

Por supuesto, lo mejor estaba por llegar. En la misma década de 1960 se concibió el primero de los grandes éxitos de Lamborghini, el Miura, un superdeportivo al que muchos atribuyen el nacimiento de este concepto, ya que cambió por completo las reglas del juego. Era radical en sus prestaciones y amenazante en su aspecto, de manera que logró enamorar al mundo entero.
Tras el Miura llegaron otros grandes nombres: Countach, Diablo, Murciélago… Con el paso de las décadas, se han lanzado modelos más populares y otros que han pasado más desapercibidos, así como otros realmente extraños, como el LM002, que en cierto modo es el antecesor del tan popular Lamborghini Urus. Sea como fuere, poco a poco la firma italiana fue creciendo y ahora es toda una institución en Italia y en el mundo entero.
Tanto Enzo Ferrari como Ferruccio Lamborghini ya han fallecido. El primero lo hizo en 1988; y el segundo, en 1993. Sin embargo, sus creaciones siguen muy vivas, con dos marcas que se han situado como la referencia en el terreno de los superdeportivos desde hace décadas y que muchos colocan a la par, sin un vencedor claro. Se trata de dos firmas emblemáticas sin las que no podemos entender la velocidad sobre cuatro ruedas y no estaríamos hoy hablando de ambas si no hubiera sido por aquella incómoda pero inspiradora interacción entre dos personajes legendarios del automovilismo.
