He conducido el señorial Rolls-Royce Phantom en su 100º aniversario: "No es un coche de lujo, es un mundo aparte sobre ruedas"

El Rolls-Royce Phantom es un símbolo de la exclusividad y el boato. He podido probarlo en su 100º aniversario y me he dado cuenta de que no es un coche de lujo, sino un mundo aparte sobre ruedas.

Si piensas en coches de lujo, es muy probable que te venga Rolls-Royce a la mente. La firma británica se ha convertido como una referencia entre las firmas más exclusivas durante décadas gracias a modelos como su Phantom, que cumple 100 años en 2025. Ahora he conducido el Rolls-Royce Phantom y me he dado cuenta de que es mucho más que lujo sobre ruedas.

No es fácil que un mismo modelo se mantenga a la venta durante un siglo entero. Piensa en cómo ha cambiado el mundo en los últimos 100 años, en todos los acontecimientos históricos que han sucedido y en cómo han variado los gustos de los compradores. Actualmente, mantener la popularidad de un coche durante 30 años ya es un éxito.

Todo cambia y ahora lo hace mucho más deprisa, pero Rolls-Royce está por encima de todo eso. Hace más de un siglo que la marca nació con la idea de diferenciarse y en 1925 llegó a las carreteras un coche que tenía un ambicioso y claro objetivo en mente: ser el mejor coche del mundo.

El objetivo del Rolls-Royce Phantom no era inundar las calles como el Ford Model T, sino situarse en un plano distinto. Quería ser la opción clara de miembros de la realeza, mandatarios y todo tipo de personajes relevantes del mundo de la política o el arte. Eso es algo que no ha cambiado en 100 años, pero el coche en sí ha evolucionado mucho, como es comprensible.

Se podría decir que el cambio más radical sucedió en 2003, cuando la firma británica se situó de forma efectiva bajo el paraguas de BMW y se lanzó a las calles la séptima generación. Entonces, el diseño del Rolls-Royce Phantom se volvió más moderno y cercano al de otras berlinas de lujo de la época, pero con una serie de rasgos clásicos que le diferenciaban.

Esto se aplica también a la octava generación, la actual, lanzada en 2017. Se ve como un modelo actual, pero no se parece a otros. Su presencia es imponente, con sus 5,76 metros de largo (en la versión de batalla corta, ya que hay otra de 5,9 metros), una larga y bien marcada línea de la cintura y una caída de la trasera que recuerda a la de modelos clásicos.

Aun así, lo más identificativo es el frontal. Los faros LED son rectangulares y cuenta cada uno con 480 luces que recrean un cielo estrellado, pero que solo verás si te acercas. También destaca el capó elevado sobre los laterales, la inconfundible parrilla con lamas verticales y la joya de la corona: la figura del Espíritu del Éxtasis que domina la delantera.

A través de unas puertas de apertura suicida accedes al interior del Phantom, donde te das cuenta de que no es un coche de lujo, es un mundo aparte sobre ruedas. Lo más llamativo es la calidad de los acabados y materiales, donde puedes elegir lo que quieras (siempre que no se trate de una madera de un árbol protegido, por ejemplo). Todo da una sensación de calidad inconfundible.

En las plazas delanteras te encuentras un volante que parece el timón de un barco y un salpicadero repleto de botones, ya que los mandos táctiles son demasiado mundanos. Hay mandos físicos para todo y ofrecen un tacto muy bueno. Incluso tienes una ruleta (realmente es el clásico mando iDrive de BMW) para manejar la pantalla central, que tiene el sistema de BMW con otra estética.

Esta pantalla la puedes esconder para disfrutar de un salpicadero con una superficie acristalada tras la que puedes mostrar cualquier pieza artística que desees: un diseño específico, un mosaico 3D… Lo que quieras en una zona que se ha denominado ‘Galería’. Según el personal de la marca, alguien quiso representar su esquema del ADN aquí. Hay que ser creativos…

Delante te sientes bien al instante, pero este es un coche que se disfruta desde las plazas traseras. Aquí te acomodas en unos asientos muy confortables y apoyas los pies en unas alfombrillas tan mullidas que casi te da pena pisarlas con los zapatos. Además, puedes elevar el suelo para acomodar mejor tus pies. Es uno de los detalles llamativos a bordo del Phantom.

Es un detalle de muchos, claro. En la espalda de los asientos delanteros tienes dos mesas de picnic de madera y pantallas multimedia, entre los asientos puedes tener un pequeño minibar con dos copas de cristal y nevera y en el techo está el clásico patrón de luces que simula un cielo estrellado. Incluso tiene estrellas fugaces aleatorias, por cierto.

¿Cómo es ir a bordo del Phantom?

Como te puedes imaginar, todo lo que te he mencionado y muchos otros detalles que me he callado para que esta prueba del Rolls-Royce Phantom tenga que ser dividida en varias entregas hace que viajar a bordo sea una experiencia muy especial. Sí, hay muchas berlinas cómodas, pero aquí te sientes como un VIP desde el primer minuto.

Además de la sensación de calidad que te rodea en el interior, el cristal acústico hace que apenas escuches sonido del exterior. Asimismo, la suspensión activa mantiene la carrocería muy nivelada y absorbe cada bache para que te sientas en una burbuja aparte del mundo exterior.

Poco más se puede pedir para recorrer distancias largas, pero mi trabajo es probar coches, así que salto al asiento del conductor aunque esté más cómodo que en mi casa en las plazas traseras. Me alegro de colocarme a los mandos, eso sí, ya que la experiencia es diferente a lo que me esperaba.

Siempre he oído hablar que los Rolls-Royce no son coches tan emocionantes de conducir y es cierto que no vas a notar un tacto deportivo al volante, ni mucho menos. Ahora bien, no hay que despreciar el hecho de que esta berlina monta un motor V12 de 6,75 litros que rinde 571 CV y 900 Nm de par, fuerza que se envía al eje trasero.

Sobre el papel, anuncia un paso de 0 a 100 km/h en 5,5 segundos y una velocidad máxima de 250 km/h. Nada más para un coche de más de 5 metros de largo y 2.670 kg de peso, aunque no te das cuenta de ello hasta que hundes el pedal derecho.

Si bien no está pensado para eso, el Phantom se mueve sorprendentemente bien. El cambio automático ZF de ocho velocidades funciona con suavidad y la rapidez necesaria, mientras que el motor empuja con una facilidad asombrosa y va construyendo la velocidad sin que te des cuenta. Todo sigue muy filtrado, pero puedes ir muy rápido con facilidad.

El empuje de la mecánica sorprende y no hay modos de conducción, pero si un botón con la inscripción ‘Low’ en el selector de marchas que cambia la relación del cambio para tener un tacto más deportivo que te permite disfrutar más de las capacidades del coche. Aun así, no hay dramatismo, sino que la compostura se mantiene en todo momento.

Normalmente, el V12 casi ni se deja notar en el interior y solo murmura en un segundo plano. Si le exiges más, el ruido aumenta, pero nunca inunda el habitáculo y el propio comportamiento del coche tampoco te invita a explorar los límites en cada curva.

Aunque no falta la potencia, la dirección es ligera y está muy desmultiplicada, aunque también actúa sobre el eje trasero para ayudarte en curvas cerradas y en ciudad. Asimismo, ya te he comentado que la suspensión filtra mucho los baches y los pedales se deslizan con tanta suavidad como un cuchillo a través de la mantequilla.

Al fin y al cabo, de eso se trata. Ya seas el conductor o el pasajero, el Rolls-Royce Phantom transmite una filosofía de viaje totalmente distinta. Está por encima del dinamismo de las berlinas más potentes y de la tecnología que inunda los habitáculos de los coches nuevos, todo eso es secundario. Es otro mundo y quizás es por eso por lo que ha sobrevivido sin problemas un siglo en las carreteras.

¿De cuántos riñones estamos hablando?

Decir que un Rolls-Royce es caro es quedarse corto, aunque seguro que eso ya lo sabes. El precio del Phantom parte en estos momentos de 520.000 euros y eso no incluye los impuestos, pero tampoco las infinitas opciones de personalización. El límite está en la legalidad, la ética, tu creatividad y los ceros de tu cuenta corriente.

Es por esto que no es difícil acercarse o superar el millón de euros en un coche así. Sin embargo, no solo es un coche, ya que cada cliente busca crear algo único y personal, según me indican desde la firma británica. Habrá quien no lo entienda, pero está claro que hablamos de un mundo diferente al que habitamos los mortales.

Nuestro veredicto

9

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Sergio Ríos

Redactor

Sergio Ríos es Redactor de Auto Bild y Top Gear. Prueba todo tipo de coches, escribe artículos y graba contenido para redes sociales. Por un friki del motor, para los frikis del motor