El W126 estrenó el primer sistema de navegación. Era tan ingenioso que funcionaba sin GPS y con rutas ya establecidas.

navegador mercedes W126
El Mercedes W126 estrenó un arcaico sistema de navegación

Ni pantalla, ni GPS: uno de los primeros sistemas de navegación del mundo funcionaba con cinta hace más de 40 años y lo estrenó el W126.

Es propio de jóvenes creer que están a la última y que lo que utilizan son innovaciones de última hora, pero la realidad es que, en muchos casos, todo está inventado. Pongamos por ejemplo los sistemas de navegación. Todo el mundo tiene uno en su teléfono móvil, la tecnología ha llegado hasta el punto de que es muy fácil, pero esto viene desde hace décadas y antes si que tenía mérito: el primer navegador de Mercedes funcionaba con cassette y lo estrenó el W126.

Para los de edad más temprana, os explicamos: era el Spotify de antes. Solo que en vez de millones de canciones solo entraban una veintena (entre las dos caras, sí, había que cambiar de lado), no se podía saltar de otra y, además, había una cosa llamada rebobinar que se hacía metiendo un bolígrafo por uno de los dos orificios que tenía.

Sí, suena a tecnología del pleistoceno, pero es lo que había. Lo importante es que se usaba para escuchar música, para amenizar los viajes en coche o para entretenerte en tus paseos con un ‘walkman’. Sin embargo, la marca alemana decidió utilizarlo como base de uno de los sistema de navegación más primigenios de los que hay constancia.

Hablamos de una época en la que no había pantallas táctiles o mapas online, así que Mercedes-Benz echó mano a lo que tenía disponible para adelantarse por muchos años a la industria.

Hay que entender el contexto de la época, ya que por aquel entonces el GPS civil todavía no existía, estaba reservado principalmente para uso militar, así que, si una marca quería ofrecer algo parecido a un sistema de navegación, tenía que tirar de ingenio y de un formato fiable que, en aquel entonces, pasaba por el “cassette”.

Cuando los recursos son escasos, se agudiza la mente, y el sistema de Mercedes es un ejemplo perfecto. En vez de un mapa digital completo, que era imposible de almacenar en la memoria de la época, el coche utilizaba una cinta que contenía información codificada sobre rutas pregrabadas.

No hay que pensar en ellas como mapas al uso, sino como itinerarios definidos punto a punto. Por explicarlo de manera rápida, la cinta no reproducía música ni voz, si no que tenía codificado el recorrido punto a punto específico para el trayecto de un lugar a otro. Guardaba esos datos en forma de señales que el sistema interpretaba de una manera similar a como si fuera un ordenador leyendo una pista magnética.

Como se puede ver en el vídeo, el conductor elegía la ruta seleccionando una de las distintas cintas que tenía a su disposición. La metía en el sistema y lo ponía en marcha mediante los botones. Luego, en un sencillo display monocromo aparecían las órdenes.

Por una parte aparecía el nombre de la calle o carretera en la que se encontraba el vehículo y los kilómetros o metros que le quedaban por recorrer en esa vía. A su lado, un icono del coche rodeado de flechas que se iban iluminando para señalar la dirección hacia la que se debía girar. Era simple y sencillo, pero ya era bastante más que los mapas de papel de la época.

Lo realmente curioso era la mezcla de elementos que hacían posible el invento. La cinta solo aportaba la secuencia de instrucciones y distancias, pero el coche necesitaba saber dónde estaba y cuánto avanzaba, que era lo difícil.

Para solventar esto, Mercedes instaló sensores de velocidad y giro conectados a la unidad de navegación. Estos permitían que el sistema calculase el progreso del vehículo a lo largo de la ruta programada en la cinta. Era un sistema arcaico, pero funcional: si la cinta decía “en 2,5 km gira a la derecha” y el coche recorría 2,5 km según los sensores, aparecía la instrucción correspondiente.

Como es lógico, un sistema de estas características tenía limitaciones considerables. La más obvia es que, si el conductor se equivocaba de camino, el sistema no podía corregirlo, así que toda la “hoja de ruta” se iba al traste. Además, tampoco podía adaptarse al tráfico, a obras ni a cortes de carretera, por lo que si surgía algún improvisto el conductor se quedaba vendido.

Visto desde el prisma actual, es lógico pensar que es una antigualla, pero hay que tener en cuenta que aquel entonces el estándar de navegación era llevar un enorme mapa plegado en la guantera o parar a preguntar a quien anduviera por la calle, así que esto era una mejora considerable. Además, fue la piedra de toque para avanzar hasta el punto en el que estamos ahora.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España