Cómo funciona el ESP de los coches

¿Conduces un coche moderno? Toma muchas más decisiones que tú, más rápido y mejor. Bienvenidos a la era Terminator...

Imagen de perfil de Alex Aguilar
Seat

Si ahora mismo conduces un coche nuevo o te encuentras en plena búsqueda de uno, es muy probable que hayas leído entre sus características que equipa el control de estabilidad. Mejora la seguridad del vehículo y está muy bien, pero... ¿sabes cómo funciona el ESP en realidad? Siéntate y toma nota: terminarás este artículo habiendo aprendido algo nuevo y, sobre todo, pudiendo dejar a tus colegas callados ante tu aparentemente infinita sabiduría petrolhead

¿Sabes qué demonios es la desconexión de cilindros?

Como ya sabrás a estas alturas, la obsesión de los fabricantes por aumentar la seguridad con la que sus productos pueden transportar a sus ocupantes no ha dejado de crecer en los últimos años. Tras auténticas revoluciones como el cinturón de seguridad, el ABS o los airbag pronto han aparecido en el mercado distintos sistemas orientados a controlar la vertiente más delicada que interviene en la siniestralidad vial: la seguridad activa. ¿Sabes qué es el control de estabilidad? Se trata de un sistema capaz de valorar en milésimas de segundo cualquier situación de peligro para, sin contar con la intervención del conductor, corregir la trayectoria del automóvil cuando ésta difiere de las órdenes comandadas por el usuario colocado al volante. Parece fácil, ¿eh? Pues no lo es. En absoluto. 

Pero antes de aprender cómo funciona el ESP... vamos con algo de historia: corría el año 1995 cuando, fruto de la colaboración de Bosch con la firma alemana de la estrella, el Mercedes Clase S incorporó la tecnología por primera vez -como siempre suele suceder con el vehículo emblema de la marca-. Tras haber comprobado las ventajas que tenía a la hora de prevenir y corregir situaciones de riesgo en carretera, muchos fabricantes comenzaron a instalarlo en sus modelos, convirtiéndose en un elemento obligatorio de cualquier automóvil fabricado a partir del 1 de noviembre de 2014. Sí, al igual que hicieran en 2004 el sistema antibloqueo de los frenos -ABS- o los airbag en 2006. 

 

¿Cómo funciona el ESP? 

El funcionamiento del control de estabilidad no es tan complejo como parece... al menos a nivel conceptual. Básicamente es un sistema encargado de gestionar la velocidad de giro de las ruedas -e incluso del motor en determinados casos- para garantizar que la trayectoria del vehículo sigue con la mayor fidelidad posible la marcada por su conductor a través del volante. Como habrás podido imaginar dicho objetivo sólo parece posible empleando dos tácticas: la magia... o un conjunto de sensores repartidos por el coche encargados de darle la información necesaria a una centralita de control encargada de tomar las decisiones en fracciones de segundo. ¿Apostabas por la primera? Estás mal, ¿eh? 

 

 

Para valorar cómo van las cosas ahí fuera, el ESP cuenta con los sensores de velocidad de giro de las ruedas que ya sirven como informantes a la centralita del ABS, a los que se suman uno específico que mide el ángulo de giro del volante y otros diseñados para sentir cuánto está girando el vehículo en sus distintos ejes espaciales. Toda esa información es deglutida por una centralita electrónica que, varias veces por segundo, coteja los datos y los compara con las órdenes que llegan desde el habitáculo con el objetivo de intervenir si una discrepancia entre ambas realidades podría dar lugar a una bofetada antológica. 

Como habrás podido imaginar, la acción más habitual llevada a cabo por el ESP es la de frenar la rueda o ruedas necesarias para garantizar que la trazada del coche es la ideal para mantenerlo en la carretera, logrando así que llegar a casa de una pieza sea mucho más sencillo para la inmensa mayoría de conductores que, ante una situación real de peligro, quizá no sabrían del todo bien cómo actuar. 

 

¿Puede desconectarse el ESP? 

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Aunque creas que se trata de la novena Maravilla del Mundo, la realidad es bien distinta: existen determinadas situaciones en las que el control de estabilidad no ayuda nada a salir del atolladero. ¿Quieres un ejemplo? Prueba a aparcar sobre una superficie helada o cubierta de una gruesa capa de nieve. Y trata de salir. ¿Te has hartado ya de quemar litros de combustible sin haberte movido del sitio? Es hora de desconectarlo: al igual que sucedía con los diferenciales hasta la llegada de los de deslizamiento limitado, su principio de funcionamiento es perfecto sólo en determinadas condiciones... y por eso es necesario poder torearlos de vez en cuando. 

 

 

Ahora sabes algo más acerca de tu coche. Que no descansa nunca tratando de evitar que te dejes por ahí la salud. Sí, ahora mismo deberías bajar al garaje para darle un sonoro beso. Hazlo. Ya.

 

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