Presentado de nuevo el Ferrari 225e: ¡el renacido!

Ferrari acaba de mostrar una de las restauraciones más alucinantes de uno de sus clásicos: un Ferrari 225e que fue pasto de las llamas y que ahora luce un aspecto sensacional.

Nacido en 1952, renacido en 2016. Podría es el título de una obra algún místico perdido en Ibiza desde los años de la picó, pero qué va, se trata de una historia protagonizada por un fabuloso Ferrari 225e. Ferrari Classiche, el departamento especializado en la restauración y la recopilación histórica de Ferraris clásicos (y no tan clásicos), ha sido el responsable de devolver a esta berlinetta a su estado original: el resultado es increíble.

Nacido en 1952 con número de chasis 0178, este Ferrari 225e fue el capricho de Antonio Sterzi, que lo utilizó principalmente para lo que se utilizaba un Ferrari por aquellos años: no para ir de postureo al Casino de Montecarlo, sino para correr, para disfrutar al volante. Su primera participación fue en la Mille Miglia de ese mismo año, con Nino Rovelli de copiloto. Meses más tarde consiguió la victoria en la Coppe della Toscana, esta vez con su hermano, Bruno Sterzi, al volante.

Este Ferrari 225e era una joya: rápido, eficaz y con un cierto punto lujoso que otras berlinettas de la marca más radicales no tenían. Lamentablemente y tras cambiar de manos en un par de ocasiones, esta maravilla sufrió un incendio que casi le cuesta terminar en un chatarrero. Afortunadamente, su joya más preciada, el motor (te recuerdo que Enzo Ferrari siempre comentaba que él te vendía un motor, la carrocería y el resto de componentes te los regalaba.), estaba intacto.

En los años 80 se intentó restaurar sin demasiado éxito, hasta que finalmente, su actual dueño, optó por el camino más recto (y más caro): acudir a Ferrari Classiche para una restauración completa.

La tarea fue ardua, la ya que no existía demasiada documentación sobre este ejemplar en particular y hay que tener en cuenta que en aquella época, cada Ferrari era diferente: lo que tiene la construcción completamente artesanal. Finalmente, con la poca información que tenían de otros modelos similares, consiguieron finiquitar una restauración cuyo resultado es digno de aplausos y alabanzas.

Una joya, sin duda: el dueño se habrá gastado una auténtica fortuna en la restauración, pero es que su coche ha pasado de no valer nada (o valer relativamente poco) a costar su peso en oro. Veremos si en breve lo vemos en alguna exclusiva subasta o si prefiere guardarlo hasta tiempos mejores.

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