Con 256 CV, cambio manual y tracción total, el Audi A1 quattro fue uno de los mejores homenajes que se han hecho de un deportivo histórico

El Audi A1 quattro fue uno de esos proyectos locos que antes hacían las marcas. Limitado a 333 unidades, tenía 265 CV, tracción total y características únicas.

Hace 45 años, la vida de Audi empezó a cambiar y buena culpa de ello la tuvo el Audi Quattro (aquí tienes nuestra prueba). A partir de entonces, el nombre quattro se convirtió en la seña de identidad de la marca de Ingolstadt y uno de los homenajes más locos a esa trayectoria lo hizo en 2011: el Audi A1 quattro.

El Audi A1 quattro fue una de esas ediciones especiales que antes hacían los fabricantes, tan exclusivas como brutales. Ya había comenzado el auge de los SUV, pero todavía no se habían convertido en una obsesión.

El nombre quattro se hizo muy popular a partir de los años 80, cuando permitió a la marca alemana ganar el Mundial de Rallys de Constructores en 1982 y 1984, así como el de Pilotos en 1983 y 1984, con Hannu Mikkola y Stig Blomqvist, respectivamente. 

Desde entonces, Audi ha hecho gala se su tracción quattro y la ha incorporado en numerosos modelos, además de los Audi Quattro y Sport Quattro, como el RS2 Avant, toda la gama S y RS hasta el deportivo R8.

Audi A1 quattro, el legado de Audi en formato mini

Con el A1 quattro, Audi quiso trasladar todo ese legado a su vehículo más pequeño. El prototipo se presentó en junio de 2011 como A1 clubsport quattro Concept, en la 30ª edición del Wörtherseetour en Reifnitz, Austria, un evento para aficionados de Volkswagen, Audi, Seat y Skoda.

17 meses después, ya estaba listo el modelo de producción. Al ser una edición muy especial, sólo se fabricaron 333 unidades, cada una enumerada con una placa, destinadas a unos pocos países (Europa central y suroeste, y algunas unidades terminaron en Suramérica).

En España tuvo un precio de 53.600 euros, una cifra desorbitada para un utilitario de menos de cuatro metros, lo cual ya dejaba claro su exclusividad. Eso sí, estéticamente, poco se parecía a un A1 normal.

Lucía unos paragolpes más musculosos, con grandes tomas de refrigeración en los delanteros y un gran difusor en los traseros, con dos salidas de escape, una a cada lado, de generosas dimensiones (100 milímetros de diámetro) y un alerón de techo más grande.

Aunque, donde se fijaban rápidamente los ojos era en las espectaculares llantas de 18 pulgadas con diseño de turbina de color Blanco Glaciar y el cubrebuje en rojo y negro simulando un sistema monotuerca. La carrocería tenía el mismo color de las llantas y sólo había ese, combinado con el negro brillante del techo, que creaba un bonito contraste.

Por supuesto, el emblema quattro estaba presente en varias zonas del coche, como la parrilla, el arco del techo y la zaga. La guinda la ponían unos faros de xenón plus, un elemento de lujo para un utilitario de la época, que incluían unas barras curvadas en rojo.

Interior igual de exclusivo y deportivo

El interior también tenía algunos detalles que lo diferenciaban de un A1 convencional, empezando por los asientos deportivos con reposacabezas integrados, tapizados en cuero Napa Seda, igual que el reposabrazos, con costuras en contraste rojo. 

Estos pespuntes también los recibían las alfombrillas y el volante, achatado por la parte inferior, con una placa conmemorativa con el número de la unidad ‘#of333’. Tras el volante, se dejaba ver un cuadro de instrumentos analógico, nada de digital, con el tacómetro rojo, las agujas blancas, el logotipo quattro y la pantalla a color en la parte central.

Por otro lado, la zona inferior de la consola central estaba acabada en color negro brillante (ya empezaba a ponerse de moda), el pedalier era de acero inoxidable mate en acabado cepillado, los umbrales tenían unos embellecedores con la inscripción ‘A1 quattro’ y el pomo del cambio de aluminio recibía un diseño muy parecido al del R8.

Un motor de cuatro cilindros y 265 CV

El Audi A1 quattro no era un mero ejercicio de diseño, al que le ponen un paquete aerodinámico con cuatro o cinco detalles para darle un aspecto más deportivo, pero nada más. Nada de esto serviría si no estuviera acompañado por un buen motor.

Bajo el capó se escondía la misma unidad que montaba el Audi TTS, es decir, un bloque de cuatro cilindros y 2.0 litros TFSI, con distribución variable para el árbol de levas de admisión y los dos ejes de equilibrado. Además, el sistema de inyección directa, el turbocompresor y la bomba de aceite fueron reguladas.

El resultado eran 265 CV a 6.000 rpm y 350 Nm de par entre las 2.500 y 4.500 rpm. Estas cifras, junto con su peso de 1.465 kg, le permitían acelerar de 0 a 100 km/h en 5,7 segundos y alcanzar los 245 km/h. El consumo, quizá, era lo que menos importaba a quien se gastaba casi 54.000 castañas en un coche así, pero homologaba 8,6 litros/100 km, según el viejo ciclo NEDC.

La comercialización del Audi A1 quattro arrancó en el segundo semestre de 2012 y en cuestión de meses las 333 unidades volaron de los concesionarios. Hoy es posible encontrar alguna unidad de segunda mano y el precio es igual que cuando nuevo o, incluso, superior.

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Álvaro Escobar

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España