El Ford Sierra RS500 Cosworth, la berlina deportiva de propulsión de los 80, rompió todos los moldes gracias a su motor de 227 CV y a su alerón diseñado por Tickford

El Ford Sierra RS500 Cosworth ocupa un lugar especial en la historia de Ford por su diseño, su parte mecánica y su dominio en los campeonatos de turismos de medio mundo.
Hubo una época en la que los fabricantes desarrollaban coches de calle para ganar carreras. Sí, has leído bien. Aunque las versiones de calle no ganaban las carreras, permitían homologar los modelos que sí lo hacían y, de paso, daban la oportunidad a los entusiastas de tener un vehículo con matrícula que en realidad era la base de un modelo de carreras. El Ford Sierra RS500 Cosworth es probablemente uno de los mejores ejemplos de aquella filosofía.
La versión RS500 Cosworth nació con el objetivo de homologar una serie de mejoras técnicas que permitieran a Ford dominar el Campeonato del Mundo de Turismos y el resto de certámenes internacionales de Grupo A con el Sierra. El resultado fue una edición limitada de tan solo 500 unidades que terminó convirtiéndose en uno de los deportivos más legendarios de la historia de la marca del óvalo azul.
El proyecto que dio vida al Ford Sierra RS500 Cosworth

En 1986, Ford presentó el Sierra RS Cosworth. Aquel modelo de tres puertas ya suponía un enorme salto respecto al resto de la gama Sierra gracias a un desarrollo conjunto con Cosworth, responsable de crear una sofisticada culata de 16 válvulas para el conocido bloque Ford Pinto de cuatro cilindros.
Sin embargo, en Ford Motorsport Europa sabían que todavía había margen de mejora si querían plantar cara con garantías a rivales como el BMW M3 E30 en los campeonatos de turismos. Fue entonces cuando nació el proyecto RS500.
Bajo la dirección del departamento deportivo de Ford Europa, la marca decidió fabricar una evolución específica del Sierra RS Cosworth que sirviera para homologar nuevas piezas destinadas exclusivamente a la competición. El reglamento de la FIA obligaba a construir al menos 500 ejemplares con especificaciones de carretera para poder utilizar esas mejoras en los coches de carreras, de modo que Ford puso en marcha una producción muy especial en 1987.
Todos los Sierra RS500 Cosworth comenzaron su vida en la planta belga de Genk como un Sierra RS Cosworth convencional. Desde allí eran enviados a las instalaciones de Tickford, empresa especializada en vehículos de altas prestaciones, donde recibían todas las modificaciones que daban forma al modelo definitivo
Diseño Tickford con motor Cosworth

Visualmente, el RS500 apenas se diferenciaba del Sierra RS Cosworth para un ojo poco entrenado, pero cada cambio respondía a una necesidad aerodinámica o mecánica. El enorme alerón trasero, ya característico del Cosworth, recibía un añadido superior conocido como gurney flap que aumentaba la carga aerodinámica. Este añadido era obra de Tickford, pero la base del alerón fue creada por el ingeniero y diseñador alemán Lothar Pinske para el Sierra Cosworth convencional.
Además del nuevo alerón, también había un splitter delantero de mayor tamaño y desaparecían los faros antiniebla para dejar espacio a unos conductos encargados de refrigerar los frenos delanteros. Curiosamente, todas estas mejoras reducían ligeramente la velocidad máxima que podía alcanzar el RS500 en comparación con el RS Cosworth convencional debido al aumento de resistencia aerodinámica, pero mejoraban la estabilidad a velocidades muy elevadas.
Bajo el capó, el Ford Sierra RS500 Cosworth utilizaba una evolución del conocido motor Cosworth YBB denominada YBD. Seguía siendo propulsor de cuatro cilindros en línea de 2.0 litros con bloque de hierro fundido, culata de aluminio de doble árbol de levas y 16 válvulas, pero se añadió una larga lista de mejoras técnicas.
El motor equipaba un turbocompresor Garrett T04 de mayor tamaño, un intercooler más eficiente, una admisión revisada, mejoras en la refrigeración y en el sistema de lubricación, así como una bomba de combustible de mayor caudal.
Una de las curiosidades más llamativas era la presencia de ocho inyectores. En los coches de calle solo funcionaban cuatro, mientras que los otros cuatro permanecían instalados, pero desconectados. Su única finalidad era homologar el sistema que posteriormente utilizarían las versiones de competición.
Dominio aplastante en los circuitos de carreras

En su configuración para la calle, el propulsor desarrollaba 227 CV de potencia a 6.000 rpm y un par máximo de 277 Nm a 4.500 rpm. El bloque estaba asociado a una caja de cambios manual Getrag de cinco velocidades y a un sistema de tracción trasera, por lo que era capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 6,1 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 248 km/h. Todo ello con un peso de 1.220 kilos.
El motor Cosworth YBD ofrecía un mayor rendimiento en su versión de carreras, ya que había sido diseñado para soportar enormes incrementos de potencia. Gracias a su bloque reforzado, mejoras internas y el mayor caudal de combustible, los equipos oficiales lograron superar los 500 CV, mientras que algunas configuraciones de clasificación llegaron incluso a rondar los 550 CV.
Toda esa ingeniería dio sus frutos de inmediato. El Sierra RS500 Cosworth se convirtió en el gran referente del Grupo A a finales de los años ‘80. Compitió en prácticamente todos los campeonatos importantes del mundo, desde el British Touring Car Championship (BTCC) hasta el Campeonato Mundial de Turismos, pasando por el DTM alemán, el campeonato australiano, el europeo y el japonés.
Pilotos como Klaus Ludwig, Steve Soper, Andy Rouse o Dick Johnson llevaron al RS500 a conseguir un impresionante número de victorias que terminaron por convertirlo en uno de los turismos de competición más exitosos de todos los tiempos.
