El Lancia ECV iba a ser el sucesor de los salvajes Grupo B. Lo tenía todo a favor salvo una cosa: el fin del Grupo S

El Lancia ECV fue la apuesta de la firma italiana para competir en el que iba a ser el nuevo Grupo S. El coche no llegó a competir, aunque quedó para la historia.
A mediados de los años ‘80, cuando el Mundial de Rallys vivía la que para muchos fue la época dorada de este campeonato, Lancia empieza a trabajar en el que debía ser el relevo natural de sus temidos Grupo B. La desaparición de la categoría tras la fatídica temporada de 1986 obligó a la FIA a plantear un nuevo escenario con el Grupo S y una nueva generación de coches de rally estaba a punto de ver la luz. De esa necesidad nació el Lancia ECV.
La nueva normativa había sido ideada para mantener la innovación técnica, reducir el número de unidades de homologación y, al menos sobre el papel, contener los excesos de los equipos. Lancia diseñó un coche específico para esta categoría, el ECV (Experimental Composite Vehicle), un prototipo que tenía como objetivo seguir dominando los rallyes y mejorar lo todo lo que hasta ahora había creado la marca italiana a nivel competición.
Lancia ECV, la apuesta de la marca para el Grupo S

El proyecto del ECV surge directamente como una evolución conceptual del Lancia Delta S4. Sin embargo, el enfoque del nuevo Grupo S permitía a los ingenieros ir aún más lejos en términos de diseño y materiales. La normativa solo exigía fabricar diez unidades y abría la puerta a soluciones experimentales, siempre con la idea de crear coches más seguros y controlables.
Uno de los pilares del ECV fue su chasis, desarrollado íntegramente como una estructura monocasco de materiales compuestos. El coche utilizaba una combinación avanzada de fibra de carbono, kevlar y paneles tipo nido de abeja en aluminio, una configuración que lograba una gran rigidez torsional con el menor peso posible.
El resultado fue un chasis extremadamente ligero que situaba el peso total del conjunto en alrededor de los 930 kilos. A esto se sumaba la carrocería, que presentaba unas formas afiladas, anchas y muy bajas, pensadas para optimizar la aerodinámica y la refrigeración de la parte mecánica. El nuevo monstruo de rally de Lancia también tenía grandes tomas de aire y pasos de rueda sobredimensionados.
A nivel de motor, los ingenieros de Lancia desarrollaron uno de los propulsores más sofisticados de la época. Bajo su carrocería se ocultaba un bloque de cuatro cilindros y 1.759 cc heredado del Delta S4, equipado con doble turbocompresor y un sistema llamado TriFlux que utilizaba tres conductos de gases separados con el que se lograba una mejora de la respuesta a bajo régimen y una reducción del temido turbo-lag.
Las cifras que arrojaba este motor en fase de desarrollo llegaban a los 600 CV a 8.000 rpm, con un par motor de 540 Nm. Aunque el Grupo S pretendía limitar la potencia en competición, recordemos que la década de 1980 fue la época de los excesos en el mundo del motor, y esas cifras de rendimiento que arrojaban coches de menos de 1.000 kilos de peso demostraban el enorme margen técnico de estos vehículos.

Junto al motor, trabajando al unísono, se instaló una caja de cambios de cinco velocidades dentro de una carcasa de magnesio, con tres diferenciales y un sistema de tracción a las cuatro ruedas.
En el apartado dinámico, los ingenieros de Lancia equiparon el ECV con suspensiones de doble triángulo en ambos ejes, componentes ajustables y un diseño pensado para maximizar el contacto con el suelo en cualquier superficie.
Frenos de gran tamaño, desarrollados específicamente para soportar el peso y la potencia del coche, completaban todo lo que los pilotos que osaran ponerse a los mandos de estos prototipos necesitaban para dominar las etapas de los diferentes rallys del campeonato.
Evolución y cancelación de la categoría
Lejos de parar aquí, Lancia decide desarrollar una evolución del ECV conocida como ECV2, en la que se trabajó principalmente en la compactación del conjunto, la mejora aerodinámica y una distribución de masas aún más refinada.
Sin embargo, todo ese despliegue técnico nunca llegó a ver la luz en los tramos del Mundial de Rallys. La FIA decidió finalmente cancelar el Grupo S antes incluso de que debutara oficialmente, optando por categorías más restrictivas y basadas en coches de producción, como especificaba el reglamento del Grupo A.
Y de este modo, el Lancia ECV nunca llegó a competir ni a tener la oportunidad de medirse a otros muchos rivales de marcas que invirtieron tiempo y recursos en desarrollar estos prototipos para la que estaba llamada a ser la categoría heredera del famoso Grupo B. A pesar de ello, Lancia presentó el ECV ante el público que acudió al Salón del Automóvil de Bolonia en diciembre de 1986 como prueba de su trabajo.
Ante la decisión de la FIA, Lancia recondujo sus esfuerzos hacia el Delta HF y, posteriormente, al Delta Integrale, iniciando una era dorada de títulos en la que llegó a conquistar el campeonato del mundo en seis ocasiones consecutivas, entre 1987 y 1992.
