Prueba retro del Gumpert Apollo: una máquina de competición indomable

Un bólido de competición con el que podrías ir a comprar el pan (si consigues controlarlo).

Ni más ni menos que 23 interruptores principales en la consola central fue lo primero que vimos durante la prueba del Gumpert Apollo. Si no fuese por los probadores y mecánicos expertos en este coche deportivo, encenderlo ya sería imposible. Y entonces comienza a rugir el motor V8 de 4,2 litros de Audi.

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Dentro te encuentras curiosamente protegido. Debe ser algo mental, por la ingente cantidad de fibra de carbono en el interior y la estructura tubular que la FIA reclama a esta clase de coches, y que en el caso del Gumpert Apollo se asemeja a una especie de Grupo C de Le Mans.

Un coche de carreras con dificultad para salir de los semáforos

Motor del Gumper Apollo.
Motor del Gumper Apollo.

El tráfico se acumula, porque avanzar con este coche recordando cómo funciona la caja de cambios secuencial junto al embrague, tiene su dificultad. Se caló alguna que otra vez, y el motor empezaba a sobrecalentarse.

Sí, el coche consiguió empezar a andar, pero eso no es tranquilizante, ni mucho menos. Sus 659 CV de potencia desbordan a los ínfimos 1.150 kg de peso, y las gomas traseras derrapan una y otra vez hasta la tercera marcha. Y hablamos de ruedas muy, muy anchas. Así que para hacer el 0 a 100 km/h en los 3,0 segundos que anuncia, hay que ser todo un experto, desde luego.

"Hemos tenido este motor funcionando todo el día a 800 CV", afirmó el piloto de pruebas belga de Gumpert, Francois, sobre la potencia del coche. "Pero se calentó un poco el agua del conducto de refrigeración. Podemos sacarle 1.000 CV si queremos".

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No, no. Con 659 CV está bien, porque solo con ver los dos turbos del tamaño de pelotas de fútbol, te invade un cúmulo de sensaciones que se alejan un poco del concepto 'seguridad'. El coche avanza rápidamente por una carretera de doble sentido a las afueras de la ciudad de Stoke Poges, imparable.

Siempre pendientes de la caja de cambios secuencial de 6 velocidades, porque un brusco aumento de las revoluciones te hará perder irremediablemente la trasera del coche, y no queremos eso en un deportivo de 200.000 euros con una velocidad máxima de 358 km/h.

Y no es una de esas cajas de cambios dóciles modernas, ni mucho más lejos. Es brusca, con un embrague que no se usa en los cambios ascendentes con aceleración máxima, con una palanca short-shift alta que responde de la mejor manera posible solo cuando la golpeas con fuerza y sin miedo, mientras las válvulas de descarga rechistan en el mecanismo biturbo con cada marcha.

Una experiencia única en carreteras convencionales

Frenos carbocerámicos del Gumpert Apollo.
Frenos carbocerámicos del Gumpert Apollo.

El Gumpert Apollo, una vez te haces a él, pasa a ser un coche realmente obediente en la carretera. Sí, quizá una posición más alta, un splitter delantero más pequeño y algún que otro detalle más, mejorarían su conducción. Pero es que es un coche de carreras con el que puedes ir a comprar el pan.

De hecho, alcanzamos en algún momento cierta velocidad que debido a la legalidad actual, es mejor no comentar. Una velocidad realmente ridícula. Sin duda, uno de los coches más rápidos que ha pasado por las redacciones de Top Gear.

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El Gumpert se presenta como un corredor que no se compromete con la carretera. Y desde luego, porque es (reitero) un coche de carreras con algunas características un poco preocupantes. La unidad que condujimos es una mula de pruebas, con las puertas y la estructura tubular interior en una posición que no facilita una salida rápida de emergencia.

Además, ese interior no estaba terminado. Salvo por todo el material ya instalado de fibra de carbono, sin demasiados lujos. Por no decir que ninguno, porque no hace falta. Y son detalles que Gumpert ya solucionó con sus coches cuando salieron a la venta.

Un coche único, incómodo porque es para amantes del motor de verdad, y una unidad de potencia puesta a punto por MTM (Motoren Technik Mayer), así que te puedes fiar de que esta gente sabe lo que hace. Y su precio, a partir de unos 200.000 euros. Una extraña ganga para semejante aparato.