Hay dos razones destacadas por las que el Volvo 850 T5 R con su motor B5234T haya alcanzado su prestigio: Porsche y medio minuto de gloria

Volvo 850 T5 R
Volvo 850 T5 R

A mediados de los años 90, la firma de Gotemburgo creó una de las berlinas deportivas más icónicas de la historia, el Volvo 850 T5 R, con su potente motor cinco cilindros B5234T retocado por Porsche y con función overboost.

En la década de 1990, cuando Volvo seguía siendo sinónimo de coches serios, seguros y de líneas cuadradas, nadie esperaba que la marca sueca se atreviera a romper su propio molde. Pero en 1995 lo hicieron con un modelo deportivo al  que llamaron Volvo 850 T5 R, que no solo desafiaba la imagen tradicional de la marca, sino que además llegaría a convertirse en un icono entre las versiones prestacionales más peculiares de la época gracias a su bloque de cinco cilindros B5234T retocado por Porsche y qu ocultaba una función muy habitual hoy: el overboost.

Hasta ese momento, la marca había sido reconocida por fabricar vehículos robustos, fiables y centrados en la seguridad. La innovación técnica había sido siempre una de sus banderas, y eso se había reflejado ya en el 850 con el sistema WHIPS de protección contra impactos laterales, que era ya parte del equipamiento de serie desde su lanzamiento.

Pero las prestaciones deportivas no figuraban en su lista de prioridades. El Volvo 850, presentado en 1991, era un sedán y familiar con tracción delantera que destacaba por su durabilidad y por un diseño tan cuadrado como funcional. Un diseño 100% Volvo.

Del circuito a la calle: el origen del T5 R

Volvo 850 T5 R
Volvo 850 T5 R

Sin embargo, la historia del Volvo 850 T5 R comienza antes de su aparición oficial. En los primeros años 90, Volvo había decidido experimentar en el automovilismo, participando en diferentes campeonatos de turismos.

Contra todo pronóstico, los resultados fueron buenos. Los Volvo 850 BTCC, con su carrocería familiar, no solo destacaron en la parrilla, sino que sentaron un precedente: el público empezó a mirar los modelos de la marca con otros ojos. La idea de un Volvo deportivo, incluso competitivo, ya no parecía tan descabellada.

Fue precisamente esa experiencia en competición la que animó a la compañía a dar el siguiente paso, el de trasladar el aprendizaje de los circuitos a un modelo de producción. Así nació el Volvo 850 T5 R, un coche que combinaba la practicidad de un familiar con el rendimiento de un deportivo. Para lograrlo, Volvo recurrió a un socio poco habitual, pero muy respetado: Porsche.

Los ingenieros de Zuffenhausen fueron los encargados de trabajar junto al equipo sueco en el desarrollo del motor, la transmisión y la puesta a punto general.

Diseño sueco, alma alemana

A simple vista, el 850 T5 R seguía siendo un Volvo, con su carrocería rectangular, líneas angulosas y ese aire funcional tan propio de los modelos escandinavos. Pero algo lo diferenciaba claramente del resto. Su carrocería en color amarillo, poco habitual en la marca, le otorgaba una presencia llamativa y descarada. Las llantas Titan de 17 pulgadas oscurecidas, junto con los emblemas específicos del modelo, dejaban claro que no era un familiar más.

En el interior, Volvo mantuvo su estilo sobrio, pero con detalles que apuntaban al rendimiento. Los asientos deportivos en Alcantara, el volante más grueso y la combinación con molduras de madera daban una sensación de exclusividad que equilibraba deportividad y elegancia.

El espacio, sin embargo, seguía siendo una de sus virtudes. Pese a su planteamiento deportivo, el 850 T5 R conservaba la amplitud y el maletero generoso que lo hacían perfectamente utilizable en el día a día.

El corazón del T5 R: el motor B5234T y el trabajo de Porsche

La parte más importante del 850 T5 R estaba bajo el capó. Volvo entregó a Porsche el propulsor B5234T, un motor de cinco cilindros en línea y 2.3 litros, para que lo mejoraran.

De serie, ese motor ya ofrecía 225 CV, pero tras los ajustes realizados por los ingenieros alemanes, que incluían una nueva ECU firmada por Bosch y una reprogramación de la gestión del turbo, la potencia se elevó hasta 243 CV con un par máximo de 300 Nm disponibles desde tan solo 2.000 rpm gracias a una función overboost que mantenía el empuje adicional durante 30 segundos.

El coche se ofrecía con dos opciones de transmisión, ambas revisadas por Porsche, una manual de cinco velocidades y una automática de cuatro. En ambos casos, mantenía la configuración de tracción delantera, algo poco común en un coche de su potencia en aquella época.

Las cifras de rendimiento hablaban por sí solas. El Volvo 850 T5 R aceleraba de 0 a 100 km/h en 6,9 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 250 km/h. Eran números que lo situaban a la altura de berlinas deportivas alemanas mucho más caras, pero con el añadido de ser un familiar que podía transportar cómodamente a cinco personas y su equipaje.

El éxito del 850 T5 R no solo residía en su potencia, sino en lo que representaba. Era la prueba de que Volvo podía ser divertida sin renunciar a su filosofía. En un momento en el que los fabricantes buscaban combinar prestaciones con funcionalidad, el T5 R demostró que ambas cosas podían coexistir sin conflicto.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España