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Cinco muscle cars que rompieron moldes

Se convirtieron en clásicos de culto, amigos...

Piensa en la definición de ‘muscle car’. La mayoría de las veces, designa un coche americano, un coupé con motor V8 y propulsión trasera. Así era, al menos, en la década de los 60 y 70, explican en Fox News. Pero cuando los fabricantes de Detroit empezaron a acusar la crisis del petróleo y las mecánicas enormes comenzaron a estar en declive, las marcas adaptaron esta descripción y propusieron muscle cars distintos. Algunos de ellos, como los cinco que hay bajo estas líneas (y en la galería), marcaron las bases para futuros modelos. Otros se convirtieron en objetos de culto al instante. Si quieres saber cuáles son, sigue leyendo…

Buick Grand National (1986-87)

Buick Grand National (II)

Aunque ahora está plenamente asentado en la historia de los muscle cars, hubo quien se rió de su ‘pequeño’ motor turbo V6. Pero los casi 14 segundos que empleaba para recorrer 400 metros desde parado cambiaron la forma de pensar de muchos. Su 3.8 ofrecía 245 CV y 481 Nm de par, cifras más altas que las de un Corvette de la época.

Este coche también modificó la percepción que se tenía sobre los modelos en los que la electrónica comenzaba, de forma incipiente, a gestionar el motor: se creía que no podrían ‘tunearse’ para lograr más potencia. Resultó que era tremendamente fácil.

Cuando Buick finalizó la producción de este vehículo (sólo fabricó 547 unidades de la última versión, la GNX), su mecánica McLaren/ASC ya ofrecía 300 CV y 570 Nm. Muy respetable…

Lincoln MK VII (1988-92)

Lincoln MK VIII (II)

Este Lincoln era considerado el muscle car para pijos, ya que mezclaba la sofisticación europea con la arrogancia americana. Llevaba el motor 5.0 V8 del Mustang, con 225 CV y 400 Nm, por lo que igualaba los datos del Mercedes 560 SEC Coupé, su rival más encarnizado… y tres veces más caro. El Lincoln era espacioso, pero se ceñía bastante al concepto de un muscle car y añadía, además, una suspensión neumática que lo convertía en un coche bastante ágil, sin dejar de lado la comodidad.

Lincoln Continental 2017: vuelve el mito americano del lujo.

Ford Taurus SHO (1989-91)

Ford Taurus SHO (I)

Estamos ante un vehículo de cuatro puertas muy rápido, perfecto para petrolheads con cargas familiares. Bajo el capó tenía un 3 litros Vulcan V6 optimizado por Yamaha, con 200 CV y 271 Nm; estaba realizado en aluminio y contaba con múltiples avances técnicos. Aunque su tracción delantera provocaba que el Ford Taurus se escapase a la definición de muscle car al uso, lo cierto es que sus prestaciones estaban muy cerca de las del Mustang.

GMC Typhoon (1992-93)

GMC Typhoon (II)

Después de construir la pick-up Syclone, GMC puso su mecánica V6 de 280 CV en el Jimmy (no confundir con el Suzuki Jimny, con N), un SUV muy versátil, y creó el Typhoon. Contaba con tracción total y unas prestaciones más que aceptables, añadiendo al lote espacio para cinco personas y su equipaje. Su comportamiento era bueno, pero no emocionaba (recuerda que estaba hecho sobre el chasis de una pickup); eso sí, sentó las bases de los modernos SUV de altas prestaciones.

Chevrolet Impala SS (1994-96)

Chevrolet Impala (II)

A principios de los 90, los enormes coupés de propulsión trasera de GM eran historia, así que Chevrolet hizo algo muy loco: un muscle car de cuatro puertas llamado Impala SS, digno heredero de los modelos de los 60 con ese mismo nombre. Tenía llantas de aluminio de 17 pulgadas, cuero por todas partes, una pintura negra que le daba un aire agresivo y un motor de 5,7 litros y 260 CV. Era rápido y en carretera se comportaba como un educado sedán deportivo europeo. La compañía sólo fabricó 70.000 unidades, pero sentó las bases de vehículos como el actual Chevrolet SS o el Dodge Charger R/T.

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