Pasar al contenido principal

Toyota Celica Turbo 4WD, el estoque de 'El Matador' Carlos Sainz en 1992

Recordamos la herramienta japonesa de trabajo que Sainz y Moya emplearon para convertirse en bicampeones del mundo hace ya un cuarto se siglo

Imagen de perfil de Javier Prieto
Toyota Celica 4WD Turbo1992

Toyota Celica Turbo 4WD. Así se llama el coche del Grupo A con el que Carlos Sainz y Luis Moya conquistaron su segundo Mundial de Rally en 1992. Y como precisamente estos días se cumple el 25 aniversario de la hazaña, queremos homenajear a la montura que lo hizo posible. Sin duda alguna estamos ante uno de los mejores Toyota de Rallys.

¿Sabes cuándo fue la 1ª victoria de Toyota en el Mundial de Rallyes?

Su carrocería, con 4,41 de largo, 1,75 de ancho, 1,30 de alto y 1.120 kg, pronto se convertiría en el terror de los rivales. Debajo de la icónica toma de aire del capó se escondía un musculoso 2.0 litros, 16V, Turbo con 295 caballos, 495 Nm de par motor, asociado a un cambio manual de 6 velocidades. La tracción integral y la eficiente suspensión McPherson hacían que este Toyota Celica tan especial se pegara al asfalto como una lapa. Parecía un coche de Scalextric, capaz de apurar los límites de la pista como si circulara sobre raíles.

 

 

Tras jubilar a su predecesor, el Celica GT Four, debutó el 23 de enero de 1992 en el Rally de Montecarlo, donde Sainz y Moya acabaron segundos. Desde ese primer momento la bestia japonesa demostró que había llegado para recuperar el trono conquistado por Toyota dos años antes.

 

El coche con el que unos cuantos soñamos tener en nuestro garaje: Toyota Celica

Las grandes prestaciones y, sobre todo, la fiabilidad mecánica, unidas a la magia al volante del crack madrileño, lo convirtieron en un arma letal. Y es que, además de sus cuatro victorias (Safari, Nueva Zelanda, Cataluña, Inglaterra) en una decena de pruebas, solo se ausentó del cajón en Córcega. Dicha regularidad técnica y humana,  fueron el secreto del éxito del Toyota Celica Turbo 4WD en ese curso.

 

 

Pero, que nadie piense que fue un camino de rosas ni un paseo triunfal. El coche rojiblanco -¡qué grandes colores!- tuvo que luchar tramo a tramo durante el año contra los dos Lancia Delta HF Integrale del finlandés Juha Kankkunen y el francés Didier Auriol. Fue una guerra épica de la que salió victorioso el Toyota Celica Turbo 4WD en la última batalla, el RAC de Inglaterra. Sucedió un glorioso 25 de noviembre de 1992. 

 

Sensaciones a bordo del Celica

Salvo los 'tatuajes' en la carrocería y las llantacas O.Z., el resto de su aspecto exterior no delata que estemos ante una bala del Grupo A. Nos hemos fijado que los cristales son de plástico. Por el resto de su estética se asemeja bastante al modelo de producción. Sin embargo, ya en el interior esa idea se desvanece. Lo primero que sorprende es la cantidad de botones, interruptores, pantallas, etc. repartidos por el salpicadero. Cada uno de ellos cumple y monitoriza una función esencial en el Celica Turbo 4WD. Desde las bombas de la gasolina, la presión del aceite y el turbo, la tracción total, hasta el electroventilador, pasando por el reparto en los ejes o el programa de la inyección se controlan desde esos 'gadgets'. Sí, por aquel entonces los datos telemétricos ya funcionaban.

 

 

El cuadro de mandos tiene en el centro un cuentavueltas enorme. Al mismo tiempo, el habitáculo aparece prácticamente desnudo, comparado con la versión de calle. La jaula de seguridad, los dos backets -el del pasajero es más pequeño- fabricados en kevlar y poco más... o eso parece. El volante Momo se adapta, mejor dicho, se agarra perfectamente a las manos. Después de arrancarlo, al engranar la primera velocidad de la X-Trac, el cambio se nota duro al tacto. Está claro que debe utilizarse con precisión, decisión y energía. El embrague cerámico también tiene su puntillo. Primer acelerón y primer bramido ronco, grave. La potencia y la velocidad que te aplastan contra el asiento, hacen que el final de carretera sea inmediato. 

Lancia Delta Integrale, otra de las monturas de Carlos Sainz

 

La conducción se convierte en un ejercicio de coordinación coral engranando una y otra vez 1ª,2ª,3ª, 4ª,5 ª...  a un ritmo elevadísimo. Los reflejos van muuuy por detrás de la bestia rojiblanca, La dirección, a pesar de la servoasistencia, también es exigente debido a los zapatos que calza el Celica Turbo 4WD. Como sintonía de fondo, el rugido del corazón de este auténtico rey del Grupo A, que nos recuerda quién manda en la carretera. Su 'brutal patada' se convierte en una sinfonía a partir de las 4.000 revoluciones. El roce del tacto con el acelerador transmite las órdenes al motor de forma ins-tan-tá-ne-a con el turbo, presto a ofrecer prestaciones y emociones vertiginosas. El comportamiento equilibrado y la gran adherencia del vehículo ofrecen una total sensación de seguridad y ligereza, especialmente en el paso por curva. ¿Y las suspensiones regulables y los frenos? Pues a la altura del resto de prestaciones de esta fiera del crono. Sí, ya se ha acabo el viaje. Así de rápido se llega al final en un Toyota Celica Turbo 4WD.

 

 

 

 

Lecturas recomendadas