Ferrari 208: cómo la firma italiana evitó pagar impuestos con su motor V8 de 2.0 litros

Las marcas de automóviles llevan lidiando desde siempre con normativas molestas, pero con el Ferrari 208 la marca italiana venció al sistema.
Desde hace unos años, estamos echando pestes sobre la normativa de emisiones. Sus límites cada vez más estrictos hacen que en Europa nos quedemos sin algunos de los coches más golosos y, mirando al futuro, el colmo será cuando en 2035 se prohíba por completo la venta de coches de combustión. Sin embargo, lidiar con una normativa “puñetera” es algo que se lleva haciendo desde siempre. El caso del Ferrari 208 en un ejemplo claro de ello.
En la Italia de los años 70 y 80, el mundo del automóvil de lujo estaba entre la espada y la pared: por un lado, la pasión por la velocidad; por otro, la necesidad de sortear un pesado marco fiscal. Como se suele decir, de la necesidad nace el ingenio y en dicha situación Ferrari dio vida al 208 GTB, un modelo que es recordado no solo por su singularidad técnica, sino también por que fue muy “pillo”.
Al usar un motor V8 de 2.0 litros, permitió a la marca burlar una carga impositiva muy desfavorable que se aplicaba a motores de mayor cilindrada.
Por aquel entonces, en Italia, los coches nuevos que superaban los 2.000 cc de cilindrada estaban sujetos a un gravamen de hasta el 38% de IVA, un porcentaje dolorosísimo, especialmente si se hablaba de coches de lujo o deportivos. Al otro lado de la barrera (o mejor dicho, por debajo de ella), quienes tenían una cilindrada inferior solo estaban gravados con el 19 – 20%.
Esto ponía a los fabricantes de coches deportivos en una situación incómoda: querían mantener altos niveles de rendimiento en sus vehículos, pero también querían evitar que la factura al comprador se disparara por culpa de los impuestos. En muchas ocasiones lo uno y lo otro iba de la mano, puesto que bajar a motores más pequeños incluso podría ser malo para la imagen de la marca.
Ferrari estaba en dicha encrucijada, puesto que su prestigio se basa precisamente en ofrecer altos niveles de prestaciones, así que tuvo que afrontar esta realidad sin comprometer en exceso su imagen.
Así nació la idea del 208: tomar el chasis derivado del 308 GTB e instalarle un motor V8 de apenas 1.991cc, de modo que se quedara, aunque bordeando, dentro del tramo impositivo más favorable.
Para conseguirlo la marca tomó la base del V8 de 2.926cc utilizado en el 308/GT4 y la transformó reduciendo el diámetro de los cilindros, pero manteniendo la carrera, lo que permitió disminuir la cilindrada hasta el punto deseado. Como es lógico, el resultado fue un propulsor de menor potencia: el 208 GTB de aspiración natural entregaba unos 155 – 160 CV frente a los 252 CV que desarrollaba 308 GTB original.

Este sacrificio de rendimiento era duro, pero, de manera paralela, también era aceptado por el cliente italiano que valoraba la ventaja fiscal. Sin embargo, en palabras de la propia Ferrari: “El ahorro era significativo… pero los clientes querían más prestaciones”. Así que la firma italiana se puso manos a la obra de nuevo.
Unos años después, en 1982, lanzó la versión Ferrari 208 GTB Turbo, que mantuvo la misma cilindrada de 2,0 litros pero incorporó un turbocompresor KKK K26, además de inyección y otras mejoras técnicas. De esta manera, la potencia aumentó hasta unos 217 – 220 CV, con un par motor y una velocidad máxima muy por encima de los que conseguía el modelo atmosférico original.
Con ello Ferrari consiguió cumplir el objetivo doble: mantener el motor pequeño para beneficiarse de la menor carga fiscal y recuperar prestaciones que hicieran al vehículo competitivo en el segmento de deportivos. De hecho, el 208 GTB Turbo fue el primer Ferrari de producción que montaba turbo en carretera, otro motivo por el que marcó su nombre en la historia del fabricante.

Puede calificarse al movimiento de la marca de una jugada prácticamente maestra. El ahorro fiscal para el comprador italiano era sustancial: reducir la cilindrada por debajo de los 2,0 litros implicaba pagar prácticamente la mitad del gravamen que los motores mayores soportaban. Esto permitió a Ferrari ofrecer un V8 (lo que era una rareza en este nicho de cilindrada) por un coste impositivo mucho más bajo en Italia.
Ahora bien, fuera de las fronteras italianas, donde la normativa impositiva era diferente, no hubo tanta comprensión con el modelo. Se le veía como un deportivo que no terminaba de estar a la altura del legado de Ferrari, así que el 208 quedó limitado principalmente al mercado doméstico, con cifras de producción reducidas. Sin embargo, el paso del tiempo le ha puesto en el lugar que se merece.

