En el año 1999 el Bentley Hunaudières no solo mostraba al mundo la nueva imagen de la marca. También montaba un motor que lo cambiaría todo: el W16 que inmortalizó al Bugatti Veyron poco después

El Bentley Hunaudières fue un espectacular prototipo presentado en el Salón de Ginebra de 1999 con el que la marca británica inició una nueva era bajo el paraguas de Volkswagen.
A finales de los años 90, el Grupo Volkswagen era un auténtico hervidero, con ganas de hacer muchos proyectos, a cuál más original. Al frente estaba Ferdinand Piëch y eso explica muchas cosas. La figura del ingeniero alemán, nieto de Porsche, está muy ligada a este interesante prototipo bautizado como Bentley Hunaudières.
Para comprender el momento que vivía el grupo VAG en aquella época, basta un solo dato: en apenas unos meses, las marcas Bugatti, Lamborghini y Bentley entraron a formar parte del gigante alemán.
Poco después, empezaron a llegar espectaculares prototipos de superdeportivos, aunque de todos ellos el único que terminó llegando a la línea de montaje fue el Bugatti Veyron.
Uno fue el Audi Rosemeyer Concept, con su singular calandra inspirada en el Auto Union Type C de 1936. El otro, nuestro protagonista, el Bentley Hunaudières.
Un prototipo que marcara el inicio de una nueva época

Tras la adquisición de Bentley por parte de Volkswagen, la dirección consideró la necesidad de desarrollar un modelo conceptual que llamara mucho la atención y sirviera para marcar el inicio de una nueva en Crewe.
A esto se une la obsesión de Piëch por hacer el coche de producción más rápido de la historia y que, al mismo tiempo, fuese relativamente práctico para un uso diario en carretera.
Así que encargó a Hartmut Warkuß, quien dirigía el departamento de diseño de Volkswagen, un superdeportivo que pudiera acoger otra joya salida de la mente del ingeniero alemán, el motor W. En este caso, de 16 o 18 cilindros.
El resultado del proyecto se pudo ver en el Salón de Ginebra de 1999 con el Bentley Hunaudières, un prototipo construido sobre la base de un Lamborghini Diablo VT y que tomaba su nombre de la famosa recta del Circuito de La Sarthe, donde se corren las 24 Horas de Le Mans, también conocida como Mulsanne, por la localidad francesa donde se ubica.
Según se decía en la época, el objetivo con esta denominación era rendir un homenaje a la tradición de la marca y, concretamente, a un adelantamiento a más de 200 km/h que llevó a cabo Sir Henry (Tim) Birkin, en un Bentley 4.5 litros ‘Blower’, sobre el Mercedes SSK pilotado por Rudolf Caracciola, con dos ruedas fuera del asfalto y en 1930.
Motor W16 8.0 de 632 CV

El Bentley Hunaudières montaba el famoso motor W16 de 8.0 litros, antecesor del que luego montaría el Veyron. En realidad, se trataba de dos motores V8 unidos en un ángulo de 72 grados, cada uno con la característica configuración de la serie VR del grupo Volkswagen, sin sobrealimentación.
Desarrollaba 632 CV a 6.000 vueltas y 760 Nm de par a partir de las 4.000, aunque el 85% ya estaba disponible desde las 1.500 vueltas gracias al sistema de distribución variable.
El propulsor se asociaba a una caja de cambios secuencial de cinco relaciones. Con esta configuración, era capaz de alcanzar los 350 km/h de velocidad máxima, gracias al empleo de materiales ligeros para la construcción del chasis y la carrocería.
El lujo que define a Bentley

Dejando a un lado el apartado mecánico, el Bentley Hunaudières fue también un ejercicio de diseño. El equipo encargado de ello hizo un gran trabajo para minimizar la superficie frontal lo máximo posible.
En la vista lateral, carecía de espejos retrovisores, sustituidos por cámaras que proyectaban la imagen en una pantalla en el interior, adelantando lo que vendría muchos años más tarde.
Por dentro, el Hunaudières era un auténtico Bentley: los asientos, las puertas y parte del salpicadero estaban tapizados en piel de alta calidad, combinando nobuk con cuero Connolly en color tabaco. El salpicadero incluía una consola central en aluminio pulido en la que se integraban las tomas de ventilación y los mandos de la climatización y el equipo de sonido.
Cuando el Bentley Hunaudières se presentó en Ginebra, el Grupo Volkswagen dejó caer que tenía la intención de fabricar unas 300 unidades. Sin embargo, nunca pasó de ser un espectacular prototipo y, de hecho, la propia marca afirmó que nunca tuvo intención de producirlo.
El sueño de Ferdinand Piëch de hacer el coche de producción más rápido del mundo recaería sobre el Bugatti Veyron, mientras que Bentley inició un camino de éxito que dura hasta hoy, con modelos que revitalizaron la marca como el Continental GT y el Flying Spur, ambos basados en el Volkswagen Phaeton, otro coche salido de la mente de Piëch.

