Pasar al contenido principal

Edsel Ford: el mayor fracaso de la Historia del automóvil

Hacerlo todo mal tiene consecuencias. Oh, sí.

Imagen de perfil de Alex Aguilar
Edsel Ford

¿Te resultan tremendamente duros los lunes? Hoy traigo conmigo la historia del Edsel Ford, uno de los grandes fracasos del automóvil con el que podrás entender que, por muy mal que te puedan ir las cosas, siempre hay alguien a quien le salen todavía peor. No es el mejor consuelo. Pero entretiene. Presta atención...

 

Edsel Ford: un producto nuevo para un segmento inexistente

Los 5 coches más feos de la Historia del automóvil

Atreverse a darle forma a un nuevo segmento dentro del mercado es una maniobra realmente arriesgada y muy pocos han sido los ejemplos que han terminado realmente bien. Vale, sí: sé que el Nissan Qashqai es la prueba incontestable de que tener un buen olfato puede salvar a tu marca de coches de terminar en la bancarrota más absoluta... pero no siempre las cosas siguen el cauce esperado. Y eso es exactamente lo que le sucedió a Ford cuando decidió alumbrar un nuevo sello destinado a adentrarse en un área poco explorada por sus rivales de la época: la del postureo. En serio. 

 

 

Hacia la mitad de la década de los 50 las cosas no iban todo lo bien que podrían dentro del conglomerado de firmas agrupadas bajo el paraguas del sello del óvalo: sus directivos veían con creciente preocupación cómo un buen puñado de potenciales clientes daban de lado a sus productos y se marchaban a la competencia al no encontrar entre sus filas vehículos de corte lujoso que pudieran comprarse sin dejar su cuenta bancaria literalmente hueca. ¿Adivinas qué solución dieron por buena en Detroit? Exacto: crear una nueva línea de productos destinada a satisfacer al público más exigente tratando de ajustar el precio lo máximo posible. Corría el año 1957. Y había nacido el Edsel Ford. 

Con una inversión inicial de 250 millones de dólares destinada a su desarrollo -lo cual suponía una cuarta parte del presupuesto total de Ford para el desarrollo de modelos de toda una década- y varios años empleados tanto en el proceso de diseño, producción y definición de la estrategia de comercialización, el nuevo Edsel parecía ser el salvador del grupo al traer consigo una imagen innegablemente personal, un equipamiento relativamente generoso teniendo en cuenta su posicionamiento en el mercado y una oferta mecánica compuesta por motores V8 de entre 235 y 350 CV de potencia. Sus creadores estaban tan seguros del éxito que tendría su retoño que no dudaron en darle forma a un plan especialmente ambicioso para él que incluiría la designación de hasta cinco plantas de montaje distintas y una red de distribución de más de 1.000 concesionarios en todo el territorio yanqui. Casi nada. 

 

¿Cuáles fueron las claves del fracaso del Edsel Ford? 

Aunque sobre el papel la estrategia definida para el joven Edsel Ford parecía una apuesta claramente ganadora, lo cierto es que en muy poco tiempo los responsables de que éste pisara el asfalto -incluyendo a Henry Ford II, el artífice de la primera victoria de los GT40 en las 24 Horas de Le Mans- tuvieron que digerir una buena ración de realidad servida por un mercado voraz y poco sensible a los grandes esfuerzos depositados en cada automóvil ofrecido al público. ¿Quieres saber cuáles fueron los pilares de carga que no aguantaron el peso de la responsabilidad? Toma nota. Fueron unos cuantos...

 

Edsel Ford

 

El primer condicionante que convirtió el Edsel Ford en un auténtico fracaso fue la recesión económica que a finales de los 50 sacudía los bolsillos del comprador medio en Estados Unidos: a pesar de que contaba con un precio relativamente contenido teniendo en cuenta su tamaño, equipamiento y posición dentro del mercado, la mal llamada clase media norteamericana no entendía del todo cuál era el valor añadido de un producto a medio camino entre un asequible Ford de los de toda la vida y un lujoso Mercury, que ya tenía un muy buen nombre hecho dentro del imaginario colectivo del Nuevo Continente. Regla número 1 de la industria del automóvil: aquí se ha venido a vender. 

El segundo escollo encontrado por el coche nuevo de nuestros colegas yanquis fue su posicionamiento: ni público ni prensa alcanzaron a comprender demasiado bien el hecho de que, en lugar de ampliar la línea de producto existente con una versión más lujosa de alguno de sus coetáneos asentados ya en el mercado -como el Victoria-, decidieran darle vida a una suerte de ‘spin off’ a medio camino entre sus gamas. ¿Te resultó insultantemente lógico que tanto el DS 4 como el DS 5 desaparecieran del catálogo DS? Entonces lo entiendes perfectamente. 

Por último y no por ello menos importante, uno de los puntos débiles más sobresalientes del Edsel Ford fue... el propio coche en sí mismo. Además de hacer gala de un diseño tan personal como cuestionable, estuvo marcado desde el principio por las quejas de sus clientes relativas a una calidad de construcción lamentable que llevaba aparejada problemas de fiabilidad impensables para un vehículo de sus características. A este nimio detalle se sumó el hecho de que sus mecánicas no eran precisamente un portento en cuanto a las prestaciones -la forma de su parte frontal podría definirse de cualquier modo salvo como aerodinámica- y a la hora de calcular sus consumos las cifras eran verdaderamente acongojantes: prácticamente ningún medio de comunicación logró bajarlo por debajo de los 20 litros a los 100. Cuando en el mercado existían alternativas más bonitas, más rápidas y menos tragonas. Oh, sí. 

 

Las cuentas del Edsel Ford

Como ya te habrás podido imaginar, la vida comercial del Edsel Ford no fue demasiado larga: las primeras unidades llegaron a los concesionarios en 1957 y sólo dos años después su producción fue desestimada. ¿Recuerdas que invirtieron 250 millones de dólares en su desarrollo? Agárrate: cuando en 1959 decidieron ponerle fin a esta broma de mal gusto, las pérdidas acumuladas superaban los 350... con sólo 110.847 coches puestos en circulación. En total. Sé que te estás preguntando cuáles eran los planes iniciales de la marca y vas a quedarte con la mandíbula desencajada: el ritmo de fabricación estaba fijado para entre 100.000 y 200.000 unidades al año, lo cual evidencia con una inconfundible crueldad las proporciones del bofetón que se dieron quienes estaban al mando de la jugada. 

 

 

¿Entiendes cuál es la moraleja de todo esto? No te rindas. Nunca. Si quienes estuvieron detrás de un fracaso antológico como el del Edsel Ford fueron capaces de recomponerse para lanzar en poco tiempo auténticas maravillas como el GT40 o el Mustang, es porque un error no debe convertirse en un episodio negro de tu libro... sino en una clase práctica de las buenas. Por eso quienes se hicieron con un Multipla todavía pueden tener esperanza: algo grande tiene que estar por venir. 

 

¿Te interesan los modelos de Ford? Aquí los tienes todos

Lecturas recomendadas