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Citroën C360: si te gustan los rallys, ésta es LA experiencia

Muérete de envidia.

Imagen de perfil de Noemí Alonso

Aunque la temporada del WRC 2017 está a punto de terminar (sólo quedan tres rallys, el de España entre ellos) y el resultado para la marca de los chevrones ha sido un poco decepcionante, no quiere que nos quedemos sin saber lo que es Citroën C360, la experiencia definitiva con la que nos sumerge en un deporte que les apasiona. Y a ti también, no lo niegues. De lo contrario, ya puedes dejar de leer y dedicarte a hablar de fútbol con tu cuñado.

Para ello, ha ideado una serie de talleres que se desarrollan en el Circuito Val de Loire, en Francia. Allí nos presentamos a las 8.30 de una mañana ya otoñal, pero todavía soleada, deseando ‘catar’ el plato fuerte del día: nos sentaremos a la derecha de Kris Meeke, el piloto principal del equipo, en el Citroën C3 WRC. Pero antes…

Previo a este paso, la escuadra nos muestra una serie de trofeos y pósters que resumen su historia en una disciplina capaz de mover masas apasionadas y muy entendidas. Charlar sobre rallys no es algo que se haga gratis; cualquier aficionado es un experto de verdad en la materia. Por eso quizá te suene el CX de las imágenes que hay en la galería. No es tan famoso como el ZX del Dakar o el Xsara Kit Car, desde luego. Esta unidad es una réplica de la que ganó en Senegal en 1977 y 1978, a la que se han añadido elementos de seguridad como la jaula antivuelco. Y nos van a dejar conducirla.

A nuestro lado, un monitor nos explica que tanto el cambio como la dirección se dejan guiar fácilmente. Y es cierto. Pero el freno es otro cantar. El recorrido es mínimo y sigue un principio muy sencillo: todo o nada. On/off. Hay que ser muy suave para dosificarlo y en mi caso hay una dificultad añadida: el asiento no se desplaza hacia delante y no puedo pisar los pedales completamente, me quedo a la mitad. Así que, cuando me indican que acelere a fondo para meter tercera… Muy a mi pesar, sólo me es posible extraer el 50% de un motor no muy potente, si bien de sonido rotundo.

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Aunque la primera impresión indica que no girará lo suficiente para inscribirse en las curvas ratoneras de un trazado estrecho (se trata de un coche largo), lo cierto es que el volante se maneja con sencillez. Quizá su diámetro tremendo te quita las ganas de disputar un rally en Senegal, lo que añade más valor a las victorias de sus pilotos, que debían terminar cada etapa con calambres bastante serios. Bueno, ellos no iban en vilo sobre el asiento para alcanzar el aro o la palanca de cambios, me recuerdo a mí misma.

Adelantamos cuatro décadas en el tiempo y regresamos a 2017 para meternos en el nuevo Citroën C3 y examinar su sistema de frenada de emergencia en una maniobra de esquiva. Nos obligan a esperar hasta el último momento para “destruir el pedal del centro”, como nos piden en el ejercicio. “Súbete encima de él, golpea con todas tus fuerzas y procura no hacerlo antes de que aparezca la señal para que el dispositivo actúe como debe”, me indican. Y, aunque el instinto pide a gritos lo contrario, la prueba sale bien en el segundo intento. Lanzados a 70 km/h, el coche se detiene sin miramientos de forma segura.

Citroën C3 Aircross Racing

A nadie se le escapa que estamos deseando montar en el WRC. Y el momento mágico llega después de comer, cuando Paul Nagle y Scott Martin, copilotos, respectivamente, de Meeke y de Craig Breen, nos explican el sistema de notas que utilizan, ese código casi secreto entre los ocupantes de estas máquinas, y la dureza de su trabajo, nunca lo suficientemente valorado. Nosotros no vamos a ‘cantarlas’, bastante tendremos con intentar mantener la cabeza en su sitio y no dar demasiados bandazos dentro del vehículo, pese a los arneses de seis puntos apretados hasta cortarte la respiración.

Nos subimos a un WRC 2017; lo normal es que una marca realice estas exhibiciones con los coches de años anteriores por si hay averías o problemas, pero Citroën ha decidido mostrar todo el potencial de los vehículos adaptados a las normas que rigen esta temporada. Sabemos que son mucho más rápidos que los anteriores, pero… ¿cuánto? Estamos a punto de comprobarlo.

Meeke me pregunta si ya he montado antes en un World Rally Car. Respondo que sí, en uno de 2015. Y el estruendo del motor volatiliza cualquier intento de conversación mientras salimos disparados hacia una recta de tierra, una pista muy rota, casi más propia de una baja, una prueba para todo terreno. Engrana una marcha tras otra mientras mis ojos se agrandan por el asombro: la aceleración es brutal, como si el motor funcionase con tabasco. Podría perderme en metáforas elaboradas, pero todos lo entenderemos mejor sin rodeos: es la hos**a.

El norirlandés busca las cosquillas del C3 para que se deslice en cada curva con suaves toques del freno de mano; hace que parezca fácil… aunque en el interior, la sensación es similar a estar dentro de una batidora furiosa. Mi cabeza va de un lado a otro buscando el siguiente giro, los pequeños saltos, los puentes de cemento bajo los que pasamos. Todo se ve perfectamente desde el asiento del copiloto de un WRC 2017 porque las nuevas normas obligan a montarlo a la misma altura que el del piloto. Nada de ponerlo más bajo con el fin de hacer que descienda el centro de gravedad: ahora tengo al alcance de mis ojos el camino lleno de arena, así que resulta aún más impresionante que la suspensión se adapte con cierta suavidad (toda la que puede proporcionar un coche de estas características) a las irregularidades del terreno, que la tracción actúe en condiciones dakarianas, que los frenos te dejen clavado en el sitio para afrontar la curva una décima de segundo después. Y que la mecánica siga empujando como si la fuerza no se terminase nunca. Ya había visto los nuevos WRC en acción en el Rally de Portugal y su ritmo impresionaba, por supuesto. Pero desde dentro… Amigo, la historia es muy diferente.

“La aceleración es alucinante”, comento a Meeke cuando recupero el habla, ya al regresar. “Pues imagínatelo sobre asfalto”, me contesta con un guiño. En mi cabeza aparece algo similar a la velocidad hiperespacial del Halcón Milenario, una especie de efecto túnel muy loco. Así es la oficina de estos tipos; nos sentimos privilegiados al haber visto una pequeña parte en la experiencia Citroën C360. ¿Cuándo decís que repetimos?

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