Terremoto de huelgas en Europa por la situación de la industria del automóvil

El auge de los coches eléctricos, de los precios y la llegada de las marcas chinas está poniendo en jaque a parte de la industria europea de automóviles. Las huelgas afectan a Stellantis, el Grupo Volkswagen y otros sectores.

La ineptitud política de la última década en el desarrollo de la industria europea y las normativas de movilidad está más que demostrada. El auge de los coches eléctricos es un arma de doble filo. Una tecnología simple de desarrollar... Cuando posees las materias primas necesarias y una mano de obra cualificada y eficiente, pero muy barata.

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En China lo saben bien. Llevan años aprendiendo de las marcas europeas a hacer coches, pero tienen una ventaja: apoyo incondicional de su gobierno, tanto a nivel financiero como de todo tipo de facilidades logísticas. Y en el viejo continente, con mayores derechos laborales y leyes que aprietan sin cesar a los fabricantes, el vaso está a punto de rebosar.

Algunos medios como este no tienen problema en narrar la realidad como es. Y la realidad es que el 18 de octubre se ha convocado una huelga general en las fábricas de Stellantis en Italia con una manifestación en Roma. Despidos de miles de personas en nuestro país vecino y en otras fábricas. O trabajadores de Audi en pie de guerra en Bruselas.

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"Hoy es un día muy importante, porque hemos decidido montar una serie de iniciativas para involucrar a Stellantis y al gobierno. Y para decir que las cosas, tal y como están, van muy mal", aseguró hace días el secretario general del sindicato UILM, Rocco Palombella.

La asociación de tres grandes sindicatos ha conseguido que los trabajadores de marcas como Fiat, Alfa Romeo, Jeep o Peugeot se crucen de brazos durante 8 horas como forma de protesta por una grave y difícil situación si soluciones a la vista. Un tsunami que comenzó en Alemania y Bélgica, en el seno de marcas como Volkswagen y Audi.

"Exigimos intervenciones urgentes sobre las opciones estratégicas del sector por parte de la Unión Europea, políticas industriales específicas por parte del gobierno y compromisos industriales serios y valientes por parte de Stellantis y de las empresas que lo componen", agregó el sindicalista italiano.

En la planta de Audi en Bruselas, el futuro es tan incierto que no saben si fabricarán algún modelo después del Audi Q8 e-tron. Un fracaso de ventas para el coche eléctrico de lujo, dado su volumen de mercado, precio y costes de producción. Unos 3.000 empleados no están seguros de qué pasará con ellos en unos meses.

Desde Volkswagen, el director general del grupo, Oliver Blume, apuntó hace unos días que la situación económica de la compañía es alarmante. "El entorno económico se ha vuelto aún más duro, especialmente para la marca Volkswagen", aseguró.

Pero la respuesta para los belgas no llega, y hace semanas tomaron la decisión de robar las llaves de 200 vehículos de la fábrica para exigir a la marca noticias concretas sobre su futuro. Lejos de calmar los ánimos, la situación ha empeorado y la compañía amenazó con despidos y denuncias ante la justicia. Un caso del que todavía se esperan nuevas noticias.

De momento, hay movimientos en el sector. Especialmente con rumores que hablan de acercamientos entre el Grupo Renault y Stellantis, aunque ya fueron desmentidos oficialmente en el pasado. Carlos Tavares, CEO del segundo grupo, no tardará en abandonar la dirección de la compañía ante los malos resultados del último ejercicio.

El gobierno francés es un importante accionista de ambos grupos y podría acercar posiciones de los dos gigantes. Una fusión que sería, evidentemente, perjudicial para algunas marcas. Competidores directos en los mismos segmentos y con grandes diferencias entre ellas a día de hoy, lo que complicaría las garantías de supervivencia de todos los pasajeros de un barco que zozobra.

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