A fondo en el Bentley más ligero en 85 años: "Un coche deportivo que te hace reconciliarte con el mundo"

Prueba del Bentley Supersports
Prueba del Bentley SupersportsMark Riccioni
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Conducimos el nuevo Bentley Supersports, el modelo más ligero de la marca en 85 años, con más de 600 CV. Es deportivo, pero ¿sigue siendo un Bentley?

Por lo general, la elegante marca británica Bentley y el loco piloto de motocross Travis Pastrana no serían dos entidades con mucho en común. Salvo, supongo, por el hecho de que Pastrana lleva un chasis de metal sujetando su esqueleto tras múltiples y variados accidentes.

Por eso, es una muestra del cambio de rumbo que marca el nuevo Supersports el hecho de que Bentley eligiera presentarlo con un vídeo protagonizado por Pastrana al volante, una enorme cantidad de humo de neumáticos e incluso un freno de mano hidráulico. ¿Un Bentley para hacer *drift*? Bueno, eso parece.

¿Se trató de nada más que un truco publicitario? Pues sí. Y uno bastante bueno, la verdad. Sin embargo, cuando llego a la explanada del circuito de pruebas de Top Gear, me encuentro con un nuevo Bentley Supersports con un aspecto sencillamente espectacular en Electric Blue y una furgoneta de Pirelli repleta hasta arriba de neumáticos. El mensaje es claro: este es un Bentley diferente a cualquier otro. Sal a disfrutar.

Así que olvida todo lo que sabes sobre el Continental GT. El Supersports ha roto el molde y sus especificaciones, su posicionamiento y su actitud se asemejan más a las de Porsche que a las de Bentley. Al deshacerse del sistema híbrido del coche de serie, reconfigurar la transmisión a tracción trasera, transformar el interior para acabar con un estricto biplaza y emplear fibra de carbono allá donde ha sido posible, ha reducido más de 500 kg el peso.

Sí, lo has leído bien. El ahorro de peso equivale a un Caterham Seven entero. O a casi seis hombres adultos británicos de peso medio. Ninguna edición especial aligerada que yo recuerde ha recortado semejante cantidad de grasa. Cierto es que pocas versiones aligeradas parten de un vehículo donante que pesa 2.500 kg...

El resultado final es el Bentley más ligero en 85 años, rozando por poco los 2.000 kg. Puede que no suene a peso pluma, pero en el contexto de un BMW M5 que pesa 2.435 kg o un RS5 Avant con unos descomunales 2.370 kg, es rozar el milagro. Por supuesto, prescindir de la tecnología híbrida sí supone un peaje en términos de potencia en comparación con el Continental GT Speed.

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El Supersports rinde 666 CV y 800 Nm de par a partir de su V8 biturbo de 4,0 litros, frente a los 782 CV y 1.000 Nm del Speed. Aun así, es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 3,7 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 308 km/h. Además, las frías cifras de aceleración no cuentan ni la mitad de la historia.

Quizá sea más relevante y revelador el hecho de que el Supersports se puede entregar con neumáticos Pirelli P Zero Trofeo RS para soportar hasta 1,3 G de fuerza lateral en curva. Nunca antes había oído a Bentley hablar de fuerzas G.

Solo se fabricarán 500 unidades desde un precio de 343.900 libras (401.890 euros). Sin embargo, el Supersports no es solo una edición limitada para hacer caja. Bentley afirma que es el comienzo de una nueva dirección para la compañía, que quiere exprimir la marca y sus modelos lo máximo posible. Este es un ejercicio bastante extremo, pero es solo el principio. Salvo que, cuando tienes una historia tan larga como la de Bentley, nada es verdaderamente nuevo.

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Prueba del Bentley SupersportsMark Riccioni

Aparcado justo al lado de esa furgoneta de Pirelli hay algo extraordinario. Conocido como 'Smoky', es una versión *hot rod* del Super Sports original de 1925, que era el modelo de 3,0 litros más rápido disponible. De hecho, fue el primer coche con el que W.O. Bentley garantizaba alcanzar los 160 km/h con su motor de 80 CV. Menuda manera de responder por tu producto hace más de un siglo.

Smoky, que es el número 12 de 18 coches fabricados, es aún más especial porque su segundo propietario, Kit Baker-Carr, actualizó el motor en 1932 a un bloque de 4,5 litros y después creó una carrocería más baja en el 34 antes de competir con él de forma intensiva y con gran éxito en Brooklands. Ah, y por si no fuera suficiente historia fascinante, ese motor de 4,5 litros que he mencionado se conoce como EXP5 y propulsó al Bentley ganador de Le Mans en 1928. En especificación de carreras rinde 130 CV y alcanza una velocidad máxima no especificada que no tengo ningún interés en averiguar.

Conducirlo (brevemente) es una experiencia fascinante, desconcertante debido a un pedal de acelerador en posición central y profundamente exigente por su caja de cambios sin sincronizar. ¿He dicho exigente? Quería decir "malditamente frustrante". Resulta que los sincronizadores son algo maravilloso. Aún así, es una experiencia increíblemente genial. Y un recordatorio de que la historia del origen de Bentley está entrelazada con el nacimiento y los años formativos del propio automovilismo.

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En ese contexto, el nuevo Supersports parece una exploración más natural del lado más dinámico de Bentley. No se han guardado nada, eso seguro. El Supersports cuenta con un techo de fibra de carbono para rebajar el centro de gravedad, un paragolpes inferior de fibra de carbono con *splitter* delantero integrado, aletines aerodinámicos superpuestos a cada lado, *fender blades* en forma de B justo detrás de las ruedas delanteras, además de un difusor trasero y un alerón fijo casi vertical montado sobre un nuevo paragolpes trasero con ventilación para los pasos de rueda. El resultado son 300 kg de carga aerodinámica y una estética nueva y bastante espectacular.

Las llantas de aleación forjadas de 22 pulgadas firmadas por Manthey Racing —empresa participada por Porsche que compite con sus coches en el Campeonato Mundial de Resistencia y crea kits MR de enfoque extremo para los GT3 y GT3 RS— ahorran aún más peso.

El Supersports es el primer Bentley supervisado íntegramente por el Dr. Frank-Steffen Walliser, anteriormente en Porsche y un apasionado de los GT3. Se puede notar esa influencia desde las llantas Manthey hacia arriba. Por supuesto, no hace falta ser un experto en GT3 para darse cuenta de que eliminar los asientos traseros no es una mala forma de ahorrar unos kilos y potenciar el carácter del coche.

Increíblemente hay muchísimo más: una vía trasera 16 mm más ancha, nuevos amortiguadores de doble cámara, un control de tracción y estabilidad y modos de conducción reconfigurados, transiciones más contundentes y componentes mejorados para la caja de cambios de doble embrague de ocho velocidades, y la lista suma y sigue. Sin embargo, el Supersports conserva la dirección en las ruedas traseras para ofrecer la máxima agilidad y las barras estabilizadoras activas que ya vimos en los Continental GT inferiores.

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También cuenta con un diferencial e-LSD para ayudar a gestionar el equilibrio y dar a los neumáticos traseros una oportunidad de sobrevivir ante la embestida de la atronadora potencia del motor V8 de 4,0 litros. Por cierto, el motor se ha modificado profundamente con un cigüeñal más resistente, culatas mejoradas y turbos más grandes. También equipa un sistema de escape completo de titanio firmado por Akrapovič.

Una auténtica locura, ¿verdad? ¿Sigue siendo siquiera un Bentley? Pues, curiosamente, sí. Puede que los asientos tengan mayor sujeción lateral y vayan colocados un poco más bajos, pero siguen teniendo ajuste eléctrico de 11 posiciones, calefacción y un tapizado exquisito. El interior sigue siendo una obra de lujo preciso y opulento que rebosa pieles nobles, aluminio cepillado con acabado en diamante y una delicia al tacto. Nadie hace interiores como Bentley, y aunque el Supersports pueda sentirse algo más enfocado al circuito, sigue siendo un lugar donde te alegraría pasar horas y horas. Bentley insiste en señalar que este coche en particular es un prototipo de preproducción, pero la calidad sigue siendo de otro mundo.

Hasta aquí, todo resulta familiar. Sin embargo, al arrancar el motor y empezar a moverse, las diferencias se perciben de inmediato. El motor ha encontrado su propia voz. Cobra vida con petardeos, pero una vez en marcha el volumen y la intensidad están impecablemente calibrados. El sonido es profundo, contundente y lo justo para que tu cerebro reaccione impresionado sin caer en estridencias tipo NASCAR como otros modelos radicales de Mercedes, por ejemplo. Frondosidad comedida, podríamos llamarlo.

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Más impresionante aún es la transformación dinámica. La dirección se siente un poco más ligera y ofrece mayor claridad, pero la sensación de agilidad, la respuesta al entrar en curva y el simple apetito por atacar los giros es totalmente nuevo. Con los neumáticos Trofeo RS, el Supersports es extremadamente preciso, muestra un control de carrocería brillante y se mantiene aplomado en pleno apoyo de una manera en la que ningún Continental GT lo ha hecho jamás.

Incluso en el modo Touring, el Supersports está pensado para alinearse con un Continental GT Speed en modo Sport, pero aquí hay otros dos modos para desbloquear más carácter, prestaciones y emoción. Para esta prueba exclusiva en pista, pasamos rápidamente de Touring, a través de 'Bentley', hasta llegar a Sport. Creo que también se me resbaló el dedo y desactivé el control de tracción reconfigurado. En fin, aquí solo hay un Boeing 747 fuera de servicio con el que chocar y me da la impresión de que el Supersports ganaría esa batalla…

Desatado, el Supersports es un verdadero espectáculo. Sus ruedas delanteras van clavadas al vértice, y su larga batalla, su motor monumental y su exquisito aplomo te permiten elegir la trazada y el ángulo de ataque con precisión y confianza absoluta. Es un coche facilísimo de hacer cruzar, incluso para quienes no tenemos el talento de Pastrana. Para ser del todo justos, el Continental GT más reciente con propulsor híbrido es súper divertido y resulta mucho más fluido, modulable y juguetón que nunca.

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Aquí, sin embargo, hay un incremento enorme en capacidad de respuesta, control y agarre, combinado con ese mismo equilibrio permisivo. Por supuesto que se siente pesado si se compara con, digamos, un GT3 o incluso un 911 Turbo. Por supuesto que no tiene la atleticidad natural de un Aston Martin Vantage. Pero es un deportivo soberbio si se tiene en cuenta que, en realidad, no es un deportivo puro en absoluto.

Tiene algunos puntos débiles. Para mí, la caja de cambios de doble embrague no va lo suficientemente lejos. Puede que los cambios sean más rápidos, pero parece un cambio testimonial en un coche que busca dar un salto gigantesco. Dadle más contundencia, más agresividad y más rapidez, por favor, Bentley.

Tal es el nivel de agarre y el aumento en las velocidades de paso por curva que no hay duda de que la falta del impulso híbrido se hace notar en las zonas de tracción. En un mundo ideal, unos desarrollos más cortos aportarían algo más de chispa. Además, ese e-LSD trasero no termina de digerir el calor en una conducción en pista rápida y/o de lado.

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Bentley nos asegura que el software de este prototipo era un tanto conservador, así que esperemos que los coches de producción no tengan la misma costumbre de abrir el diferencial con tanta facilidad. Nadie quiere ver cómo una sola rueda echa humo de forma inútil en su Bentley Supersports de más de 400.000 euros. Sería bochornoso. Aun así, a pesar de todo esto y del concepto aparentemente contradictorio de un gran turismo de lujo convertido en deportivo aligerado, disfruté muchísimo del Supersports.

De forma totalmente inesperada, sabe exactamente lo que es. Un Bentley por encima de todo, pero con la receta ajustada para darle un toque picante mucho más intenso. Consigue potenciar todos sus puntos fuertes, descubrir una agilidad oculta y un control impecable, pero manteniéndose fiel en todo momento a los valores fundamentales de Bentley.

Es un coche que apetece conducir y disfrutar, un deportivo que te hace reconciliarte con el mundo y que ofrece una combinación de cualidades que no encontrarás en ningún otro sitio. Desde el momento en que cierras la puerta, todos tus problemas se disipan. Apuesto a que Travis Pastrana salió sin un solo dolor. Bueno, al menos con alguno menos.

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