Lamborghini dice que ser el más rápido no es suficiente para un superdeportivo. Y eso es mejor noticia de lo que crees

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En una era en la que conseguir caballos es más fácil que nunca, el criterio para considerar deportivo a un coche debe ser otro.
Desde siempre, cuando se ha querido medir a un superdeportivo, su velocidad y su aceleración de 0 a 100 km/h han sido dos de las referencias más importantes. El problema es que, desde la llegada de los coches eléctricos, que con una entrega de par y potencia instantáneos se han dedicado a destrozar estos parámetros, ya no es algo tan exclusivo ni, sobre todo, difícil de conseguir. En Lamborghini son plenamente conscientes de ello y, por eso, ponen el foco en otros aspectos.
Paolo Racchetti, director de línea de modelos de la marca, ha hablado largo y tendido con CarExpert y, además de adelantar la posible vuelta del apellido Sterrato sobre la base del Lamborghini Temerario, también ha entrado en detalles sobre lo que actualmente considera que es necesario para que un vehículo sea considerado como un deportivo de verdad.
Apunta que “la velocidad sigue siendo una parte importante del rendimiento, pero está claro que es necesaria, aunque no suficiente, para que un automóvil sea considerado un superdeportivo”.
Es un enfoque lógico, porque, actualmente, si la velocidad fuera el dato a partir del que se calificaran a deportivos, muchas berlinas eléctricas o incluso SUV equipados con mecánicas de cero emisiones tendrían que calificarse como tal.
Para Lamborghini no vale solo con ir rápido
Es algo que no tendría sentido, porque no todo se centra en acelerar en línea recta, algo por lo que Racchetti considera que “cada vez cobra más importancia centrarse en las capacidades dinámicas del automóvil; tal vez el nivel de prestaciones... sea menos relevante en el futuro”. Por tanto, lo que hay que exigir a un vehículo para meterlo en esta categoría debería ser su capacidad de respuesta en curva, cómo distribuye los pesos, etc.
Para Lamborghini, eso parece estar reñido con las mecánicas 100% eléctricas, pero no con las híbridas, que son capaces de ofrecer un conjunto muy equilibrado, y para muestra el Temerario: “Lo que un superdeportivo debe ofrecer no es solo aceleración y velocidad, sino también emoción. Por eso optamos por una arquitectura híbrida: al fin y al cabo, se sigue contando con un motor de combustión interna turboalimentado capaz de alcanzar las 10.000 rpm, lo que aporta esa intensa carga emocional que solo la mecánica puede ofrecer”.

Y es que puede que en prestaciones puras los eléctricos no tengan parangón, pero les falta alma, algo que solo aporta la parte térmica de un sistema de propulsión. Es por eso que desde la casa italiana han decidido seguir ese camino: “Al mismo tiempo, mediante la hibridación, potenciamos las prestaciones, la facilidad de conducción y la emoción. Creemos que esta filosofía funciona porque mantiene un vínculo auténtico con nuestro ADN”.
Racchetti tiene claro cuál es su objetivo: “Queremos ofrecer coches que transmitan emociones reales, pero la hibridación también nos ayuda a ofrecer el tipo de rendimiento que experimentaste en el Temerario, al tiempo que amplía las posibilidades de caracterización y dinámica de conducción. Puedes tener un coche capaz de comportarse como un gran turismo, con tracción trasera o con tracción total; en definitiva, dinámicas de conducción realmente diferentes”.
Los deportivos tienen que transmitir emociones
Lógicamente, llegar a ese nivel no es algo que pueda hacerse de manera completamente analógica, llegar a los niveles de rendimiento, precisión y respuesta actuales es algo que solo se logra con tecnología punta, que hay que poner a disposición del disfrute del conductor.
“El secreto de todo esto es el LDVI 2.0. Contamos con un 'cerebro' en el vehículo que actúa como controlador, la mente maestra que coordina a los demás sistemas menores encargados de gestionar el software del motor, la caja de cambios, los motores eléctricos, el sistema de amortiguación y el sistema de frenado”, explica.
A fin de cuentas se trata de poner a las manos (y los pies) del conductor toda la artillería propia de un superdeportivo, pero rodeada de toda la tecnología y sistemas que hagan que lidiar con ella sea sencillo y, sobre todo, satisfactorio.
“Ahí reside el secreto. Conduces un vehículo de este nivel de prestaciones, pero resulta muy fácil de manejar y transmite gran confianza, ya que la electrónica ayuda a alcanzar ese rendimiento de forma fluida y natural”, concreta Racchetti.
Su conclusión final es clara: “Pero quizá lo más importante sea que podemos realzar la emoción”. Al final, en una era en la que los caballos y el rendimiento se consiguen de una manera mucho más sencilla que antes, cualquiera puede anunciar un coche con 1.000 CV, pero eso no significa que vaya a tener el comportamiento de un deportivo ni que se vaya a sentir como uno. Es ahí donde los fabricantes con larga tradición y experiencia como Lamborghini pueden jugar su baza para marcar la diferencia.


