Todo podría haber sido distinto si el Barón Rojo hubiera ganado su última batalla y Frank Stephenson hubiera cambiado el alerón del Escort Cosworth

La historia del Ford Escort Cosworth podría haber sido otra si Frank Stephenson, su diseñador, hubiera adoptando la idea inicial que tenía para el alerón.

Imagina un compacto de rally con una silueta tan icónica que contribuyó a que el modelo pasara a la historia. Ese es, sin duda, el Ford Escort Cosworth, un vehículo lanzado a mediados de los años ‘90 como sucesor natural del Sierra Cosworth y que fue originalmente concebido para competir en el Grupo A del Campeonato del Mundo de Rallys. 

Pero su fama no vino precedida únicamente por su participación en los rallys, ni tampoco por sus prestaciones. El elemento que lo hace fácilmente reconocible por cualquier entusiasta es el enorme alerón trasero, una seña de identidad que elevó al Escort Cosworth al estatus de icono y que esconde una interesante historia detrás del diseño tan peculiar que finalmente adoptó.

Para ser elegible como un coche de competición homologado, Ford tuvo que adaptarse (y cumplir) a las normas y requisitos de la FIA. Estas exigían fabricar un mínimo de 2.500 unidades con especificaciones de calle para homologar el modelo de carreras. 

A nivel prestacional, la versión destinada al público montaba un motor de origen Cosworth cuatro cilindros en línea, turbo y una cilindrada de 2.0 litros que desarrollaba 227 CV de potencia. El bloque estaba litado a una transmisión manual y a un sistema de tracción total, una combinación pensada para trasladar al asfalto el espíritu de las versiones de carrera.

El diseño, clave en el rendimiento del Ford Escort Cosworth

Además de su rendimiento, el Escort Cosworth de producción se diferenciaba del resto de versiones de la gama Escort por su imagen trabajada a conciencia. El diseño lo conformaba unos paragolpes sobredimensionados, faldones laterales nuevos, unos guardabarros delanteros ensanchados y unas llantas específicas que subrayaban su carácter deportivo. 

Sin embargo, el elemento que más impacto visual tenía y que, al mismo tiempo, lo hacía destacar sobre el resto, era su conjunto trasero, el cual estaba protagonizado por un doble alerón formado por un pequeño alerón bajo la luneta y un spoiler superior que prolongaba la línea del techo, ambos conectados por un soporte central que daba rigidez y cohesión al conjunto y, más importante aún, generaban una importante carga aerodinámica sobre el eje posterior.

Lo curioso es que lo que hoy sería el fruto de años de cálculos y simulaciones informáticas, hace 33 años fue obra de un diseñador con una experiencia contrastada: Frank Stephenson. El padre de coches como el Ferrari F430 o el Maserati MC12 explicó en un vídeo (en inglés) publicado hace ya cinco años la forma en la que encontró la inspiración para dar forma a este elemento tan característico del Ford Escort Cosworth.

Inspirado por el Barón Rojo de la Primer Guerra Mundial

Stephenson cuenta en el vídeo que se inspiró en el famoso avión del Barón Rojo. Manfred von Richthofen fue el as alemán de la Primera Guerra Mundial que se forjó una leyenda. Se alistó en la Fuerza Aérea Alemana en 1915 y llegó a liderar su propio escuadrón, el Jasta 11, en 1917. Después comandó el Jagdgeschwader 1, acumulando 80 aviones enemigos derribados y confirmados.

El Barón Rojo pilotó modelos como el biplano Albatros y, sobre todo, el triplano Fokker Dr.I, una aeronave de tres alas por costado que le daba una maniobrabilidad excepcional. Richthofen fue abatido en abril de 1918 y sepultado con honores por tropas británicas y australianas. La historia lo recuerda como el “as de ases” de los pilotos de combate de su época.

El triplano pintado de rojo fue, según Stephenson, la chispa visual que le inspiró décadas después. Pero en las primeras fases de diseño del Escort Cosworth llegó a plantearse una solución aún más extrema: un alerón triple, con una pieza intermedia situada entre el alerón inferior y el spoiler superior, similar en forma a este último

Descartado por cuestiones prácticas y de costes

Ese tercer elemento incrementaba la carga aerodinámica y alteraba la dinámica del coche de manera significativa. Finalmente, Ford descartó el alerón triple por razones económicas, ya que añadir este componente suponía un coste extra, y por motivos prácticos para el uso diario. 

Al prescindir del spoiler intermedio se facilitaba la visibilidad y el uso de la luneta trasera, algo útil al maniobrar marcha atrás en un coche que, recordemos, estaba pensado para circular por la vía pública. 

Aunque el diseño quedó simplificado, la presencia del Escort Cosworth, con su gran alerón doble, sus 227 CV, la tracción total y la condición de homologación de 2.500 unidades, lo acabó convirtiendo en uno de los coches deportivos más emblemas y recordados de los años ‘90.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España