Super Snake, dos palabras sagradas para los aficionados a los Ford Mustang retocados por Shelby. El primero era un modelo único

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El Super Snake de Shelby llegó en 1967 sobre la base de la primera generación del Ford Mustang y fue el pináculo de la gama, aunque solo se fabricó un ejemplar.

Estamos seguros de que en Ford no eran conscientes del impacto que estaban a punto de generar en el mercado del automóvil cuando en el año 1964 se presentó la primera generación del Ford Mustang. El famoso pony car lo cambió todo para siempre y hoy es un emblema de deportividad a “precio asequible”.

El primer Mustang sigue siendo el más especial de todos a pesar de hacer más de 60 años que se lanzó al mercado. El modelo experimentó una vida en claro auge que lo llevó de ser un simple deportivo a todo un icono, con versiones de alto rendimiento como el Mach 1, el Boss 302 o el Boss 429.

Sin embargo, son los modelos firmados por la cobra de Shelby American los que realmente llaman la atención y cautivan a su paso. Carroll Shelby fue el hombre encargado de dar forma a los mejores Mustang de la primera generación del pony car, con los Shelby GT350 y Shelby GT500 como puntas de lanzas. 

Así nació el primer Shelby Mustang GT500 Super Snake

Sin embargo, aunque estas dos versiones son las más reconocidas a nivel mundial, hubo una variante todavía más extrema del que solo se fabricó un ejemplar, el Shelby GT500 Super Snake. A diferencia de los GT350 y GT500, el Super Snake se centró en mejorar el Mustang más allá de dotarlo de una potencia superior a la que ofrecía el modelo firmado por Ford.

Por eso, Shelby American recibió el encargo en el año 1967 de construir un Mustang todavía mejor a lo que se había hecho hasta la fecha. Esto motivó a los hombres al frente de la compañía a tomar lo aprendido en el mundo de las carreras e implementarlo en un muscle car, aprovechando a su paso toda la tecnología disponible en esa época.

Tomando como base el imponente GT500, Shelby fabricó el Super Snake en colaboración con el fabricante de neumáticos Goodyear, una iniciativa llevada a cabo para demostrar las capacidades de la nueva línea de neumáticos económicos de la marca americana, los conocidos como “Thunderbolt”.

Sorprendentemente, Shelby American tomó el motor V8 de 428 pulgadas cúbicas (7.0 litros) del GT500 y lo reemplazó por un V8 de 427 pulgadas cúbicas (6.99 litros). Aunque perdía un poco de cubicaje, el motor ganaba componentes derivados de la alta competición, ya que era el mismo propulsor que equipaba el Ford GT40 de segunda generación que había competido en las 24 Horas de Le Mans.

Con tecnología de Le Mans

De este modo, Shelby instaló pistones específicos como los equipados en el GT40, culatas de aluminio y un cigüeñal forjado, elementos que sin duda contribuyeron a mejorar el rendimiento y a que el Super Snake pudiera mantener ritmos a velocidades altas sin desfallecer. 

Además de ganar en prestaciones y fiabilidad, el Super Snake también era un atlético velocista. Según se cuenta, uno de los ingenieros de Shelby American sometió a una prueba de conducción de 800 kilómetros al Super Snake, promediando una velocidad de 230 km/h y alcanzando una velocidad máxima de 274 km/h. Cifras, sin duda, muy por encima de lo que ofrecían los coches a finales de los ’60.

Además del motor y la mejora de las prestaciones, Shelby dotó al Super Snake de una estética única. Lo pintó en color blanco y le añadió unas franjas de carreras en azul estilo Le Mans que realzaban aún más las formas musculosas y cuadradas de su carrocería. Por supuesto, fue equipado con los, por aquel entonces, nuevos neumáticos económicos de Goodyear.

Un solo ejemplar producido en 1967

Fabricado como un estudio de mercado, el Shelby GT500 Super Snake de 1967 es en realidad un coche único. La compañía solo ensambló una unidad con la cual Shelby American pudo probar si era posible crear un GT500 con el motor derivado del GT40 de Le Mans en lugar de su propulsor original, que era más grande y pesado.

La idea inicial era que se fabricaran 50 unidades del Super Snake original. Sin embargo, debido a los altos costes de producción y al posible precio de venta que hiciera factible toda la operación, Shelby decidió abandonar el proyecto. Finalmente acabó con un solo vehículo, un ejemplar que se subastaría hace unos años por más de 2,2 millones de dólares (1,9 millones de euros).

El primer Mustang Super Snake, por tanto, no llegaría hasta el año 2007 cuando, tomando como base la quinta generación del pony car. Se ofrecía como un paquete opcional sobre la base del GT500, con un supercargador de mayor potencia que elevaba la cifra final hasta los 600 CV.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España