Estos han sido todos los superdeportivos de Porsche: del 550 Spyder de cuatro cilindros al 918 Spyder V8 híbrido enchufable

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La historia de Porsche con los superdeportivos se remonta a mediados del siglo XX. Desde entonces la firma de Stuttgart nos ha dado obras maestras de la ingeniería sobre ruedas. Son estas.
El Porsche Mission S ha sorprendido a todos como el nuevo superdeportivo de la firma de Stuttgart, un despliegue de la capacidad de ingeniería actual de la marca que llega con un diseño espectacular con referencias al pasado, una mecánica térmica y una producción que no estará limitada, contra todo pronóstico. Así, es el nuevo integrante de un linaje de superdeportivos de Porsche que comenzó a mediados del siglo XX y nos ha dado modelos increíbles.
Está claro que Porsche nunca se ha visto intimidada por la idea de crear deportivos que se sitúen como la referencia de una determinada época. El Mission S quiere hacerlo como integrante de la nueva santísima trinidad de superdeportivos, pero antes de él llegaron otros que también lograron dejar huella en los libros de historia del automovilismo.
Porsche 550 Spyder (1953)

La firma lo considera el coche que definió su identidad y filosofía. El 550 Spyder se presentó en la década de 1950 con un motor bóxer cuatro cilindros de 110 CV que movía apenas 550 kg de peso, lo que le permitía alcanzar una velocidad máxima de 220 km/h que era una auténtica locura en aquellos años. Fue el primer Porsche desarrollado para la competición y el modelo al que más se ha hecho referencia en la presentación del Mission S, realizada en el mismo lugar de Nueva York (EEUU).
Porsche 904 Carrera GTS (1964)

El 904 fueron palabras mayores. Fue diseñado por Ferdinand Alexander Porsche y fue el primer modelo de la marca con carrocería de material sintético. Estuvo presente en competiciones tan dispares como el Rallye de Montecarlo y las 24 horas de Le Mans, así como ganó la icónica Targa Florio poco después de su presentación. Montó motores bóxer de cuatro, seis y ocho cilindros y alcanzó los 240 CV, con 263 km/h de velocidad máxima.
Porsche 959 (1985)

En la década de 1980 Porsche decidió crear uno de sus superdeportivos más icónicos para la homologación de Grupo B. El 959 montaba un motor bóxer de seis cilindros biturbo con 450 CV que le permitía alcanzar unos espectaculares 315 km/h, pero también era un coche de lo más avanzado. Contaba con chasis activo y un innovador sistema de tracción total con control electrónico que Nissan usó como base para otro deportivo inconfundible: el Nissan Skyline GT-R (R32). Se fabricaron 292 unidades.
Porsche 911 GT1 (1997)

Los coches de homologación nos han dado auténticas bestias para la carretera. En los 90 el Porsche 911 recibió una variante GT1 que contó con una serie de calle (Strassenversion) que debía tener al menos 20 unidades por reglamento. Montaba un bóxer de seis cilindros turbo de 544 CV, alcanzaba 310 km/h y contaba con una sorprendente carrocería de fibra de carbono y Kevlar que recordaba que básicamente era un coche de carreras con matrícula.
Porsche Carrera GT (2003)

Si viviste los 2000, seguro que tienes el Carrera GT en un pedestal. Surgió de un proyecto de coche para las 24 horas de Le Mans, pero acabó convertido en uno de los superdeportivos de calle más espectaculares de las últimas décadas, con un motor V10 de 612 CV con cambio manual con embrague cerámico, chasis monocasco de fibra de carbono y unas prestaciones de infarto. Batió el récord de coches de carretera el Nürburgring al firmar un tiempo de 7:33 y se fabricaron 1.270 unidades.
Porsche 918 Spyder (2014)

Hasta la llegada del Mission S de producción, el 918 Spyder es el superdeportivo de Porsche más reciente. Aunque no tiene el aura de dramatismo del Carrera GT, es una obra maestra de la ingeniería de su época, con un motor V8 que se acompaña de dos propulsores eléctricos para entregar 887 CV. También podía consumir unos 3 litros a los 100 km, aunque eso no sea lo más relevante, ya que se trataba de un híbrido enchufable. Más importante es el hecho de que fuera el primer coche homologado internacionalmente en bajar de los 7 minutos en Nürburgring, con un tiempo de 6:57.
