En la década de los 80 los motores turbo eran sinónimo de locos coches deportivos: escogemos cinco modelos que echamos de menos

Los coches de los años 80 con turbo fueron objeto de deseo de muchos jóvenes, ahora recordamos cinco modelos que nos gustaría que volvieran.

Parafraseando a Encarnita Rojas Serrano: “¿A quién no le va a gustar un coche de los años 80 con la palabra ‘turbo’ en su nombre?”. Hoy en día estamos acostumbrados a que los automóviles utilicen esta tecnología, pero en aquella década lucir esa palabra implicaba ser un objeto de deseo y estos cinco modelos son perfectos ejemplos de ello.

Quizá hable la nostalgia, pero hay que reconocer que, aunque algunos tienen más renombre que otros, todos los integrantes de la lista tienen su aquel que hace que los recordemos con cariño.

Renault 21 Turbo

Sabemos que dentro de Renault hay otros modelos con apellido turbo que se vienen a la cabeza antes (ya legaremos a eso más tarde… o no). El R21 apareció a mediados de la década de los 80 con una gama de motores que incluía versiones con turbocompresor o no, pero el tope de gama, el Renault 21 Turbo, fue el que destacó sobre las demás.

Montaba un motor 2.0 de cuatro cilindros que desarrollaba 162 CV en su primera generación, aunque luego gano otros 10 CV adicionales. Combinado con una caja de cambios manual de cinco velocidades y con un sistema de tracción delantera (también existió el Quadra), conseguía acelerar de 0 a 100 km/h en 7,4 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 227 km/h.

Ford Escort RS Turbo

Si hablamos de Escort, la versión más deseada es la que lleva el apellido Cosworth, pero, aunque era un auténtico misil, también era posible “conformarse” con algo más modesto y aún así ir conduciendo un coche deportivo con mayúsculas. Nadie se quejaría de poder echarle el guante a un Ford Escort RS Turbo.

Sus formas cuadradas son herederas de la época, pero tiene un músculo que hace que sea imposible no mirarlo (especialmente por los faros adicionales del frontal). Además, refrendaba esa imagen de malote con un motor 1.6 de cuatro cilindros (lógicamente equipado con turbo) que entregaba una potencia de 132 CV.

Saab 900 Turbo

Saab 900 Turbo.
Saab 900 Turbo.

La historia de Saab da para hacer un libro. Tendrá detractores y defensores, pero la marca sueca ha dejado algunos de los coches más originales que se recuerdan. Sus diseños, de lo más peculiares, eran marca de la casa, y el caso del Saab 900 no es una excepción.

Habrá a quien le parezca difícil de mirar, pero lo que es innegable es que es un diseño llamativo, con unas proporciones que se salen de lo común y que, dentro de lo anguloso de su figura, llegaba a transmitir deportividad, especialmente en su versión Turbo.

Bajo el capó contaba con un motor de 2,0 litros, que no es que le diera un comportamiento especialmente deportivo, pero que, con 145 CV de potencia, le permitía tener un carácter bastante brioso, siendo capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 9 segundos y de alcanzar una velocidad máxima de 195 km/h.

Porsche 944 Turbo

Hoy tenemos ganas de defender a patitos feos. Al Porsche 944 se le suele mirar por encima del hombro, pero lo cierto es que ejerció muy bien su papel como modelo de acceso a la gama del fabricante alemán.

Además, dentro de su propio portfolio, el 944 Turbo era una versión bastante interesante: con 220 CV, necesitaba algo más de 6 segundos para acelerar de 0 a 100 km/h y su velocidad máxima era de 243 km/h. Además, contaba con mejoras aerodinámicas y su silueta era de lo más reconocible.

Pero es que, además, hubo una serie especial llamada 944 Turbo S que, equipada con el mismo motor, pero con un turbo mayor, llevaba su rendimiento hasta los 250 CV.

Fiat Uno Turbo

Dejamos para el final el modelo con el que hemos abierto la veda, la variante Turbo del Fiat Uno. Puede que a primera vista pareciera un ‘pelotilla’ (de hecho, lo era), pero los ingenieros de la marca italiana supieron sacarle muchísimo partido.

Gracias a sus reducidas dimensiones y a un peso mínimo de tan solo 845 kg, tampoco es que hiciera falta demasiada caballería para hacer que fuera “ligerito”. Aun así, bajo el capó ocultaba un bloque 1.3 de cuatro cilindros que fue llevado hasta los 105 CV de potencia y 147 Nm de par.

Como era la norma entonces (más en un urbanita de su perfil), el motor estaba asociado a una caja de cambios manual de cinco velocidades, así como a un sistema de tracción delantera. El resultado era un sprint de 0 a 100 km/h en 8,8 segundos y una velocidad máxima de 200 km/h… a la que había que tener valor para llegar.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España