La historia de RUF comenzó con el accidente de un Porsche 356 en 1963 y la promesa de un conductor de autobuses

RUF tiene una fascinante historia que lo ha llevado a ser el reputado fabricante que es hoy en día. Descubre sus orígenes y cómo se enamoró de la marca Porsche.
Para muchos, RUF es Porsche. Sin embargo, aunque los coches del primero se parecen a los del segundo, en realidad son dos fabricantes diferentes. La historia de RUF comenzó años después de la de Porsche, sin embargo, siempre han estado muy ligados y la existencia del uno se la debe al otro. Descubre los curiosos orígenes de RUF y cómo se convirtió en lo que es hoy.
Los orígenes de RUF se remontan a 1939, cuando Alois Ruf fundó un taller de reparación llamado Auto Ruf en la ciudad bávara de Pfaffenhausen, a las afueras de Múnich. Con el tiempo, el negocio se expandió a la fabricación de autobuses turísticos, y en noviembre de 1963, mientras conducía uno de ellos, Ruf, se topó con el coche que cambiaría para siempre el devenir de la empresa.
La historia empezó con un accidente de tráfico

El conductor de un Porsche 356 Karmann Hardtop conducía por la misma carretera que lo hacía Alois Ruf. Al intentar adelantar al autobús, perdió el control y se estrelló en una zanja. El propio Ruf llevó al herido al hospital y prometió cuidar del coche destrozado, un coche del que más tarde acabaría siendo dueño.
A finales de 1964, mientras conducía el Porsche por Múnich con su hijo, Alois Ruf Jr., un hombre se acercó y le pidió comprar el coche. La oferta fue generosa y los tres regresaron al apartamento del interesado, donde reveló que ya era dueño de un 356 con carrocería Reutter, pero prefería el modelo con carrocería Karmann, por entonces más nuevo y exclusivo.
Ambos llegaron a un acuerdo. Ruf vendió el 356 Karmann Hardtop y, como todavía necesitaban volver a casa, el comprador le prestó a padre e hijo el 356 Reutter. De camino a casa, padre e hijo se dieron cuenta de que los fans de Porsche eran fanáticos, y que satisfacer sus necesidades podía ser la base de un gran negocio.
Alois Ruf Jr. todavía era un adolescente cuando en 1964 cuando conoció el Porsche 911 en un viaje con un Opel Rekord por la autopista A8 entre Múnich y Stuttgart junto a su padre. Aunque era un día lluvioso, esto no impidió al conductor de un deportivo azul pasar a toda velocidad; un modelo aún en desarrollo que pudieron identificar como el sucesor del Porsche 356, al que la prensa del motor de la época denominaba Porsche 2000.
La historia de amor con el Porsche 911
El avistamiento tuvo lugar en abril de ese año, poco antes de que Porsche presentara 911 original, que en ese entonces todavía se llamaba 901. El nombre cambió después de que se fabricaron unos 80 ejemplares debido a un conflicto con Peugeot, que también usaba tres dígitos con un cero en el medio para identificar sus modelos.
En 1969 el 911 llevaba cinco años en producción, y Ruf Jr., que cumplió 19 ese año, recibió uno como regalo de su padre. El coche había sufrido un accidente y perdido el motor, pero Ruf aceptó el reto de restaurarlo para poder conducirlo tras aprobar el carné de conducir.
Como era un conductor inexperto, los Ruf decidieron instalar un motor bóxer de cuatro cilindros procedente de un Porsche 912 en lugar del bóxer de seis cilindros más potente que usaba el 911.
Décadas después, Ruf descubrió durante una restauración que su primer 911 era en realidad un 901. De hecho, era uno de los primeros 901 fabricados (el sexto para ser precisos), un coche que estaba terminado en color azul, por lo que era probable que fuese el mismo coche azul que había visto aquel día lluvioso con su padre en el Opel.
Entre los propietarios anteriores que había tenido su 901 se encontraban nada menos que Ferdinand Piëch, nieto de Ferdinand Porsche, y Hans Mezger, el legendario diseñador de motores de Porsche.
El padre de Ruf falleció en 1974, dejando a su hijo al frente de la empresa familiar con tan solo 24 años. Bajo su dirección, la empresa se centró en la modificación de vehículos, así como en su reparación y restauración. Tan solo un año más tarde se lanzó el primer 911 tuneado por RUF.
El negocio despega y llega el CTR “Yellowbird”

El negocio despegó a finales de la década de 1970, gracias a la introducción del 928 por parte de Porsche como sucesor del 911, lo que provocó que corriera como la pólvora los rumores de una posible desaparición del deportivo con motor trasero. Aunque esto nunca ocurrió, la apuesta de Porsche por el 928 dejó un nicho para que RUF pudiera ofrecer mejoras para el 911.
Poco después, RUF comenzó a desarrollar el coche que consolidaría su reputación: el CTR “Yellowbird”. El proyecto arrancó en 1979 con el nombre de 945R y la intención de utilizar un bóxer biturbo de 450 caballos derivado del motor del Porsche 935 de carreras.
Sin embargo, el Yellowbird no llegó hasta 1987, tomando como base el chasis de un 911 Carrera 3.2 donante y con una versión muy modificada del motor de dicho coche, que pasaba de 3.2 a 3.4 litros. Ahora equipaba un sistema biturbo personalizado que elevaba la potencia hasta los 460 CV. Esto obligó a RUF a convertirse en fabricante, manteniendo así separados legamente sus productos de los de Porsche.
Con la salida al mercado del Yellowbird, la fama del coche se disparó. La marca cobró mayor reconocimiento en 1998 cuando Kazunori Yamauchi, productor de la saga de videojuegos Gran Turismo, localizó a Alois Ruf durante una visita a Japón y consiguió permiso para incluir sus coches en los videojuegos.
Sin embargo, el mayor impulso llegó al ganar una competición de Road & Track en 1987, donde el CTR competía entre los coches más rápidos del mundo. El RUF superó a rivales de Ferrari, Lamborghini y Porsche, alcanzando una velocidad máxima de 340 km/h y consolidando su nombre en el panorama automovilístico.

