En los 90 todos hablaban de Mercedes o BMW, pero una berlina japonesa con motor V6 los sobrevivirá a todos: el Honda Legend

Honda Legend.
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El Honda Legend llegó al mercado a mediados de los 80 y, poco a poco, se convirtió en un rival para las marcas premium alemanas. El sedán de Japón destacaba por su equipamiento de lujo y funcionamiento refinado.

Cuando hablamos de los JDM, solemos centrarnos en los modelos deportivos de Japón, olvidándonos de otros coches que, quizá, no han tenido el reconocimiento que merecen en otros mercados como el europeo. Un ejemplo es el Honda Legend. Esta berlina japonesa no tenía nada que envidiar a sus equivalentes alemanes.

La primera generación de modelos de Japón salió al mercado a mediados de la década de los 80, aunque no fue hasta mediados de los 90 cuando comenzó a adquirir cierto prestigio, con la generación KA y su motor V6 3.2 de 24 válvulas.

Era una época buena para Honda. Los japoneses eran capaces de hacer coches muy diferentes, según sus características y el público al que iban dirigidos. Si querían hacer un gran superdeportivo, hacían el NSX; ¿una berlina de lujo?: el Legend.

El coche japonés de los 90 mantenía las formas cuadradas de la primera generación, pero sus líneas se habían suavizado y ya no eran tan angulosas. Era un diseño más noventero. Los faros conservaban su diseño estrecho, pero más estilizado. El aspecto era el que corresponde a una berlina de esta categoría: muy sobrio.

El Honda Legend de los 90 era una berlina de lujo muy amplia y confortable

Honda Legend.
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El Honda Legend medía 4,95 metros de largo, 1,81 metros de ancho y 1,41 metros de alto, con una distancia entre ejes de 2,91 metros. Estas dimensiones demuestran que la berlina japonesa era más grande que sus rivales japoneses y, sobre todo, ofrecía un interior más amplio.

Tanto las plazas delanteras como las traseras contaban con mucho espacio y el acceso a ellas era cómodo y sencillo. El equipamiento del modelo de Japón era de nivel: asientos delanteros con ajuste eléctrico, memoria en el de los usuarios, climatizador automático, tapicería de piel, pintura metalizada, llantas de aleación o cierre centralizado con mando a distancia, entre otros elementos.

A esto había que añadir control automático de velocidad, techo solar, lavafaros, elevalunas, retrovisores eléctricos, airbag del conductor y frenos ABS. Ahora bien, había detalles criticables, como la ausencia de aireadores en las plazas traseras (que sí tenían rivales alemanes) o un maletero de solo 410 litros.

La berlina japonesa montaba un motor V6 de 205 CV

Bajo el capó del Honda Legend se escondía un motor V6 de 3.2 litros y 24 válvulas (cuatro por cilindro), con doble árbol de levas, uno por bancada, y alimentado por inyección electrónica multipunto.

El motor se combinaba con una caja de cambios manual de cinco relaciones, con unos desarrollos bien escalonados y una palanca muy precisa. Esta configuración proporcionaba al coche japonés una potencia máxima de 205 CV a 5.500 vueltas y un par máximo de 293 Nm a 4.400 rpm.

La alimentación era por inyección electrónica multipunto de gasolina. Este bloque de seis cilindros en V ofrecía una gran respuesta, entregando buena parte de su par a partir de las 2.000 vueltas, y podía estirarse hasta las 6.000, como buen atmosférico de los de antes.

No obstante, los 1.600 kg que pesaba en vacío la berlina japonesa mermaban su capacidad de aceleración, necesitando 8,6 segundos para pasar de 0 a 100 km/h. Su velocidad máxima estaba fijada en 226 km/h.

En cualquier caso, era una berlina para viajar rodeados de lujo y confort, con un equipamiento muy elevado y un comportamiento refinado.

La generación KB1 del Honda Legend, la más equilibrada

La segunda generación del Honda Legend se comercializó entre 1990 y 1996. Le sucedió la tercera entrega con ligeros cambios en el frontal y, sobre todo, un motor V6 que aumentaba la cilindrada hasta los 3.5 litros, lo que hacía incrementar la potencia hasta los 225 CV.

En 2004 se presentó la cuarta generación del coche japonés, lanzado simultáneamente en Japón y en Estados Unidos (como Acura RL), con la única diferencia de algunos elementos de equipamiento opcional en la versión americana. Alcanzaba los 4,95 metros de largo, 1,84 metros de ancho y 1,45 metros de alto. Sin embargo, esta nueva entrega pecaba de un interior menos aprovechado.

La berlina japonesa fue la respuesta de Honda a modelos alemanes, como el BMW Serie 5 E39 y el Mercedes-Benz Clase E W211. Montaba el mismo motor J35A8 V6 de gasolina atmosférico y 3.5 litros, pero la potencia se elevaba hasta los 304 CV, asociado a una transmisión automática deportiva de cinco velocidades con levas de cambio y un sistema de tracción total Super Handling con vectorización de par.

Más adelante, el propulsor recibió algunas mejoras, como un sistema de sincronización variable de válvulas y control electrónico de elevación (VTEC), un colector de admisión compatible con el VTEC de nuevo desarrollo y nuevos sistemas de gestión del motor y del escape.

El coche japonés que puso fin al pacto de caballeros

Durante más de una década, en Japón no se podían vender coches con más de 280 CV. En 1989, la Asociación Japonesa de Fabricantes de Automóviles (JAMA) limitó la velocidad máxima de los coches nuevos en 180 km/h y ningún JDM podía superar los 280 CV para reducir los accidentes de tráfico.

No era un acuerdo jurídicamente vinculante; por tanto, las marcas no estaban obligadas a cumplirlo y, en cualquier momento, lo podían romper. El pacto se respetó durante toda la década de los 90, pero con el nuevo milenio empezó a perder importancia, debido a que los coches eran cada vez más seguros y a que los rivales europeos y estadounidenses eran más potentes.

Al final, en 2004, la Asociación Japonesa de Fabricantes de Automóviles concluyó que no había estudios reales que relacionasen la potencia de los vehículos con el aumento de la mortalidad en Japón y terminó con el pacto de caballeros. Y el Honda Legend pudo ofrecer los 305 CV.

Álvaro Escobar

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España