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Prueba del Chevrolet Corvette ZR1: una propuesta insuperable

Insuperable...

Imagen de perfil de Redacción Top Gear
Chevrolet Corvette ZR1

¿Te mueres por saber cómo se comporta la última bestia nacida en territorio yanqui? Acomódate y disfruta de esta prueba del Chevrolet Corvette ZR1... aunque nunca podrás hacerlo tanto como lo hice yo al ponerme tras sus mandos. Si alguien necesita algún ejemplo para entender por qué los coches americanos molan más que no sea el nuevo Ford Mustang, es este. Sin discusión. Oh, sí. 

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Antes de lanzarme a contarte cómo se comporta el Corvette ZR1 2018, deja que haga un breve repaso de sus cifras: este monstruo pensado para asaltar los circuitos es la guinda final a la generación C7 del deportivo de nuestros colegas del Nuevo Continente que, para la próxima entrega de la saga, tendrán que hacerse a la idea de tener sobre el asfalto un nuevo Vette propulsado por un bloque situado en posición central. Sí, eso hace aún más especial a nuestro protagonista... y alimenta nuestra imaginación a la hora de elucubrar sobre el salvaje potencial que podría tener la próxima iteración del modelo. Pero hablemos de lo importante: su motor. 

El Chevrolet Corvette ZR1 de esta prueba monta bajo su capó delantero un elefantiásico bloque V8 de 6,2 litros bautizado como LT5 que, gracias a la ayuda de un mágico artefacto conocido como supercargador, es capaz de entregar nada menos que 755 CV y 969 Nm de par máximo a las ruedas del tren posterior que pueden ser gestionados a través de una caja manual de siete relaciones o una automática de ocho. Que es la que debes elegir si buscas exprimir al máximo el potencial del coche a costa de sacrificar algo de diversión paladeando el tacto de su palanca de cambios asociado a la función ‘rev-matching’. Que se encarga de hacer el doble embrague por ti para que parezca que sabes lo que haces. Aunque no tengas ni la más remota idea. 

 

 

Como resultado del maridaje entre una mecánica voluntariosa e inacabable y una carrocería con alguna que otra golosina pensada para mejorar su comportamiento a altas velocidades -el alerón posterior que ves en las imágenes forma parte del paquete ZTK y genera hasta 430 kg de carga aerodinámica cuando se circula por encima de los límites del sentido común-, el último ZR1 es capaz de alcanzar una punta superior a los 340 km/h con una aceleración de 0 a 96 -recuerda que los americanos miden estas cosas en millas con el 0-60- en tan sólo 2,85 segundos. Sí, hay superdeportivos ahí fuera capaces de ofrecer un resultado semejante. Como el McLaren 720S. Pero la alternativa británica cuesta, literalmente, el doble de pasta. Ahora entiendes por qué es un auténtico ultraje que este Chevy nunca vaya a pisar Europa, ¿verdad? 

 

Prueba del Chevrolet Corvette ZR1: ¿y en movimiento? 

Antes de subirme por primera vez al asiento del conductor no podía quitarme de la cabeza el -ya demostrado como falso gracias a creaciones como el Ford GT- mito que afirma que un coche nacido en la tierra de las oportunidades no sirve para nada que no sea devorar una recta de un cuarto de milla de longitud. Hasta que recordé que este Corvette ZR1 logró batir el récord establecido por el GT en el circuito de Virginia durante los últimos compases de su fase de pruebas. ¿Puede realmente un cohete que hasta hace bien poco se ha considerado inconducible ir realmente bien entre curvas? La respuesta es sí. Hell yeah! 

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Los primeros kilómetros de mi prueba del Chevrolet Corvette ZR1 fueron por carreteras abiertas al tráfico en las que ‘la furia’ -como lo ha bautizado el mismísimo director de producto de General Motors, Mark Reuss- demostró que, haciendo uso de los modos de conducción más civilizados y sabiendo aprovechar el inmenso par que entrega su bloque en cualquier franja del cuentarrevoluciones, es capaz de rodar sin maltratar a sus ocupantes haciéndoles creer que viajan a bordo de un auténtico GT pensado para cubrir grandes distancias. ¡Si hasta tiene un buen maletero! ¿Y esa mirada? Ah, claro: quieres que te cuente cómo se comporta sobre la pista. Allá vamos. 

 

 

A la hora de entrar a rodar en un circuito con un artefacto como este hay que tener claros diversos conceptos: el primero de ellos es que nunca -y digo nunca- creas que puedes desconectar todos los controles para saber de qué pasta está hecho... porque el que terminaría siendo una pasta informe incrustada en alguna parte de su habitáculo sería yo; el segundo es que corre muchísimo y, por suerte, frena con la misma contundencia. Según las cifras oficiales puede detenerse en sólo ocho segundos si aplastas el pedal a fondo yendo a la máxima velocidad que, como ya te he comentado antes, es de más de 340 km/h. Eso significa que es capaz de pararse mucho antes de que tu maldito cerebro se haya hecho a la idea. Poniendo a prueba a todos y cada uno de tus órganos internos. 

Lo mejor para disfrutar al volante es ir cogiendo confianza de modo progresivo y dejar que el PTM -Performance Traction Management- haga su trabajo: incluso los pilotos probadores de la marca de coches estadounidense me comentaron que ni ellos mismos pueden exprimirlo al máximo con él apagado... y nunca dudaría de la palabra de quienes han dedicado bastantes más horas de las imaginables a poner a punto una máquina como esta. Por suerte mis vueltas a la pista de Road Atlanta -sí, esa que te sabes de memoria gracias a Forza Motorsport 7- son tras una liebre en forma de Z06 pilotada por un auténtico experto y, en más de una ocasión, tuve que ahuecar para no terminar literalmente incrustado en su parte trasera. ¿He dicho ya que la variante más brutal del Corvette corre mucho? También se sujeta de un modo salvaje en las curvas si sabes dosificar tu entusiasmo al aplastar el pedal derecho. Qué buen trabajo han hecho con él, maldita sea. 

 

 

¿Deberías comprar un ZR1? 

La respuesta a esta pregunta es un claro y rotundo sí... pero no. Sí, porque nadie ofrece tanto como él por el mismo precio -no llega a los 150.000 dólares-, y no porque, por culpa de su espectacular paquete aerodinámico y las restrictivas leyes europeas de seguridad vial, el ZR1 que ves en las imágenes nunca podría lograr pasar el proceso de homologación para rodar aquí. ¿Y esa mirada asesina? Ah, claro...

 

Texto original: Pat Devereux

 

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