En 1994 se produjo un hecho insólito: se presentaron dos deportivos especiales. El motivo, su carrocería familiar

El Audi RS2 Avant y el Volvo 850 T-5R tienen mucho en común: son dos deportivos especiales, con carrocería familiar y recibieron la puesta a punto de Porsche.
En Volvo ya se plantean la posibilidad de volver a fabricar coches familiares gracias a la nueva plataforma SPA3 para coches eléctricos que acaban de estrenar. Esto nos lleva a recordar una época en la que las berlinas familiares gozaban de una gran popularidad y las marcas se atrevieron a hacer cosas muy locas como un Audi RS2 Avant y un Volvo 850 T-5R.
Ambos modelos tienen muchos puntos en común. Se presentaron a la vez, en el Salón de Ginebra de 1994, combinan prestaciones de deportivos con la practicidad de un familiar y en su desarrollo intervino Porsche.
Cuando se piensa en coches familiares y deportivos, es inevitable recordar el Audi RS2 Avant y el Volvo 850 T-5R. Sin embargo, no fueron los primeros.
Es importante ser justos y destacar que antes que el alemán y el sueco hubo un BMW 540i Touring de la generación E34 con un V8 de 286 CV y en 1992 presentó un M5 Touring con un seis cilindros en línea y 340 CV.
Pero el M5 familiar era más grande y pesado que el RS2 Avant, por lo que era más lento. Además, sólo se fabricaron 891 unidades del M, pero merece su lugar en la historia.
Audi RS2 Avant y Volvo 850 T-5R: un disparate, pero bendito disparate

A principios de los 90, Audi se propuso hacer algo que podría considerarse como un disparate: crear un deportivo a partir de un coche familiar. En realidad, no era tanta locura, ya que en aquella época este tipo de carrocerías gustaban mucho en Europa.
En España nunca han tenido la misma acogida, pero sí en países como Alemania y el norte de Europa. Así que, ¿por qué no introducir una mecánica potente en un wagon? En Ingolstadt pensaron que sí y se pusieron manos a la obra. Quién sabe si el M5 Touring tuvo algo que ver…
Para ello, cogieron de base el Audi 80 Avant, un coche práctico, pero alejado de cualquier aspiración deportiva. El problema para Audi era que no tenía capacidad para desarrollar un coche de altas prestaciones como pretendía, pese a haber hecho modelos como el Audi 200 Turbo, el Audi Quattro o el Audi V8. Pero el RS2 Avant apuntaba a otro tipo de clientes.
Así que recurrió a Porsche. Ésta se encargó de convertir el Audi 80 Avant en una máquina deportiva. De hecho, se fabricó en la misma planta donde se ensamblaron los Porsche 959, Rossle-Bau en Zuffenhausen, de donde salieron también las unidades del Mercedes 500E W124.
En torno al 20% del RS2 Avant era de Porsche. Estéticamente, se añadieron una serie de elementos que lo distinguía de un 80 Avant normal, como las aletas ligeramente ensanchadas y un paragolpes con entradas de aire más grandes.
También se incluyeron elementos de Porsche, como las luces auxiliares del paragolpes, que procedían del 993, igual que las llantas, los espejos laterales y los frenos.
Bajo el capó se escondía la bestia. Un motor de cinco cilindros turbo procedente del S2, que desarrollaba 315 CV a 6.500 vueltas y 410 Nm de par a 3.000. La potencia se canalizaba a las cuatro ruedas a través de una transmisión de seis relaciones manual y tracción quattro.
Todo esto le permitía acelerar de 0 a 100 km/h en 5,4 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 262 km/h limitados electrónicamente. Siempre se dijo que, sin limitador, podía superar los 300 km/h.
Sin embargo, aunque el Audi RS2 Avant era muy explosivo y corría mucho, los milagros no existen y las leyes de la física son las que son. El trabajo de Porsche fue muy bueno, pero los 1.590 kg que declaraba mermaban su rendimiento.
Sobre todo, el problema era el reparto de pesos, con casi 1.000 kg descansando sobre el eje delantero. Esto hacía que fuera un coche subvirador y le costase meter el morro en curvas cerradas. En cualquier caso, se podía ir rápido con toda la familia y cargados de equipaje.

Al mismo tiempo que se presentaba el Audi RS2 Avant, debutó el Volvo 850 T-5R. Este caso es, incluso, más llamativo, porque Volvo siempre fue una marca que transmitía una imagen de coche serio con el foco puesto en la seguridad y diseños muy sobrios. Todo muy sueco.
Pero eso cambió en 1994. La marca sueca decidió aprovechar las virtudes de su berlina 850 presentada en 1991 para hacer un deportivo único y muy singular. Además, a principios de los 90 Volvo dio un giro en su filosofía, al entrar en el Campeonato Británico de Turismos (BTCC), precisamente, con el Volvo 850.
Aprovechando la experiencia del coche de carreras, en 1994 presentó el Volvo T-5R, una versión más prestacional desarrollada en colaboración con Porsche, que se encargaron tanto del motor y la transmisión como de la puesta a punto general del coche.
El diseño exterior era muy parecido al de un 850 familiar normal. Los principales cambios estaban en las llantas de 17 pulgadas oscurecidas, algunas insignias y, sobre todo, un color amarillo Cream Yellow como elemento más llamativo (incluso, disruptivo). Poco más.
Dentro también había unos asientos deportivos terminados en Alcantara y un volante más deportivo, aunque seguía conservando el estilo sobrio típico de los Volvo, con molduras en madera, una consola central repleta de interruptores físicos y una cabina espaciosa junto a un maletero de gran capacidad.
Para motor, Volvo cedió su B5234T3 de cinco cilindros en línea y 2.3 litros a Porsche para que lo modificasen. De entrada, ofrecía 225 CV, gracias a la sobrealimentación, pero la potencia se elevó hasta los 243 CV y 300 Nm de par a 2.000 vueltas, cifras que conseguía con una función overboost durante 30 segundos.
Entre las mejoras introducidas en Zuffenhausen, destacaban una nueva ECU de Bosch, algunos ajustes y una puesta a punto específica. Ligado a un cambio manual de cinco relaciones o automático de cuatro, también ajustadas por Porsche, pasaba de 0 a 100 km/h y podía alcanzar una velocidad máxima de 250 km/h. A diferencia del Audi RS2 Avant, el Volvo 850 T-5R era tracción total.


