Prueba del Seat 600 L Especial Extras: aventura clásica por Castilla

Banzai Motorsport

Nada como recorrer la Ribera del Duero en un Seat 600 L Especial Extras restaurado. Y lo hemos hecho. Con algún contratiempo, claro... Pero una sonrisa de oreja a oreja. ¿Cómo es conducir el último 600 casi 50 años después?

El otro día me encontré un comentario en Facebook sobre un artículo que escribí de coches clásicos. "Menos mal que habéis quitado a los millenials que tenéis escribiendo tonterías". Bueno... Por solo un año, pertenezco a la Generación Z. Y este chaval de 1997, os trae la prueba del Seat 600 L Especial Extras. El último modelo del mítico coche español.

Leyendas de rally que queremos que vuelvan a las calles: ¿Con cuál te quedas?

Una restauración realizada por mi buen amigo, Diego Encinas, en mi pueblo. Una localidad de Castilla y León llamada Santa Cruz de la Salceda, no muy lejos de Aranda de Duero. Tierras del Cid, de buenos vinos, mejor comer y carreteras maravillosas. Pero también de tractores John Deere y coches antiguos. 

He conducido muchos vehículos en mi vida. Desde superdeportivos de Porsche o Lamborghini hasta todoterrenos de Jeep o incluso coches de carreras. Sin embargo, este pequeñín rojo me hace especial ilusión. Así que comencemos la ruta al volante del Seat.

Los contratiempos con un clásico no son problema

No me andaré con rodeos. El Seat 600 L Especial nos duró aproximadamente 6 kilómetros. Dentro íbamos tres personas, camino de Aranda de Duero. Pero por alguna razón, perdió fuerza y el motor se ahogó. Un bloque de 4 cilindros en línea carburación de 762 cc con apenas 28 CV de potencia a 5.000 rpm.

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"¿Cómo es posible? ¡Si he hecho cientos de kilómetros con él estas semanas!", soltó mi amigo (y primo segundo, por cierto. Cosas de pueblos). Y cosas de clásicos. Fallan en el peor momento. Tuvieron que venir desde casa con unas herramientas para intentar solventar el problema y nos pusimos manos a la obra.

El ralentí era inestable, se ahogaba. Comprobamos el filtro del aire y arrancamos cambiando el caudal que entraba al carburador con la válvula. Después de un rato, parecía que todo volvía a la normalidad. Pero nos volvimos a quedar tirados unas cuatro veces. Revisamos el filtro de gasolina, empalmamos a la bomba directamente, apretamos tornillos, revisamos el bloque...

Tuvimos que volver en grúa a la nave a echar un ojo más detenidamente el motor. ¿Cómo? Por descarte. Una botella con gasolina y un manguito al carburador. Funciona. Colocamos nuevo filtro y cambiamos de bomba de gasolina, y vuelve a fallar. Algo no cuadra. Y surge la idea: ¿Y si cogemos la botella y alimentamos la bomba directamente? Funciona.

Los Milllenials, o estos chavales de la Generazión Z que muchos pensáis que estamos obsesionados con los coches eléctricos y las pantallitas, llevamos más de una hora intentando revivir el Seat. Efectivamente, el problema está entre el depósito y la bomba de gasolina. ¿Suciedad acumulada en los manguitos? ¿Por eso sale poco caudal de combustible? ¿O será del aforador? Bingo.

Nos ponemos en marcha, rumbo a La Vid y Peñaranda de Duero

Esto es lo mejor de estos vehículos. Que puedes arreglarlos si sabes un poco de mecánica. Con una carraca y vasos de 10, 12 y un destornillador plano. El aforador estaba mal colocado, o tuvo algún movimiento extraño. Ahora, volvía a funcionar sin problemas y podíamos continuar con la prueba del Seat 600 L Especial.

Era mi momento de conducir el aparato. Mido 1,90 metros de alto y mis pies son talla 44. Pero si aquí hace 50 años iban 6 personas, dos o tres no debería ser problema. Al principio, el coche parece pequeño. Claustrofóbico. No hay espacio ninguno, pero te apañas. Al cabo de las horas, acabas acomodándote en sus asientos recién tapizados, en una especie de piel negra.

Son mullidos delante, pero más aún detrás. Parece un sofá y en otro momento, me hubiera echado incluso una siesta. En la fila delantera, tenemos cinturones que van anclados a una barra de metal central. Todo es arcaico, pero los olores, el sonido del motor al arrancar o la ausencia de dirección asistida... Te reconfortan.

Con 28 CV de potencia y poco más de 600 kg de peso, las cuatro marchas de su caja de cambios manual parecen suficientes. La clave no es ir rápido, la clave es disfrutar del paisaje, de un motor que suena más que el de coches deportivos actuales con 500 CV y de una buena conversación.

El cuadro de instrumentos de este Seat 600 L Especial Extras marca la velocidad hasta 140 km/h. Supongo que cuesta abajo, con un huracán y Dios todopoderoso de tu lado, pero es el único de todos los 600 en tenerlo. Como también la denominación BG en el motor, el árbol de levas e Seat 127, luna trasera calefactable (que vale más que el coche) y un salpicadero tapizado con skay negro.

Una parada en el restaurante La Casona de la Vid, unos torreznos como mandan los cánones para almorzar, y seguimos nuestro camino hasta el Castillo de Peñaranda de Duero. Una fortaleza en lo alto de una montaña y cuya primera construcción data del siglo XI.

Una estética que enamora, y personas que recuerdan los coches de sus padres

Si vas con un Ferrari y un Seat 600 por estos pueblos, te aseguro que mirarán al español. Todo el mundo tiene una historia con un Seat. es algo que me dijeron hace algunos meses en la marca. Ya sea un 600, un 124 o un Ibiza. Esta aventura se suma a mis historias. De accidentes, besos con antiguas parejas o risas con amigos.

La gente se queda mirando, se levantan de las mesas de los bares. Se acercan a preguntarnos: "¿Pero esto es vuestro?" Y rememoran tantos momentos de infancia. Su primer coche, o el coche que compraron sus padres o abuelos. Los viajes de vacaciones cargados de maletas y su interior. El Seat 600 era sinónimo de felicidad. De una sociedad que avanzaba.

¿Era caro en la época? Sí, por supuesto. Pero nada descabellado. Una familia podía comprarse uno con un poco de trabajo. En momentos así soy yo el que añora aquellas épocas, mientras los jóvenes ahora no podemos siquiera comprar una casa. No hablemos ya de un coche. En su época, el vehículo costaba 78.000 pesetas. Unas 16.000 pesetas más que el Seat 600 E.

Temas aparte, es un orgullo poder ver a estas piezas seguir circulando. Aún queda trabajo de restauración. Lijar las bases de los asientos, darle un poco de lustre a los cromados, retapizar el volante Nardi (original, por cierto), o recuperar la insignia original Seat 600 L Especial (de la que falta esto último). Este coche ha estado algunas décadas parado en un jardín. Y ahora vuelve a la vida.

¿Mayor ecologismo que ese? Lo dudo. Conducir uno, o ir de copiloto, es toda una experiencia. Y también un orgullo. Tener un pedazo de historia de nuestro país, y del motor. Y cuidarlo día tras día para que siga recorriendo muchos kilómetros más, aunque sea en manos de unos millenials locos por los coches.

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