En 1968, Porsche presentó el 909 Bergspyder, el coche de carreras más ligero hasta la fecha: uno de sus secretos fue el depósito de combustible esférico de titanio

Depósito esférico de titanio del 909 Bergspyder
Depósito esférico de titanio del 909 Bergspyder
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El Porsche 909 Bergspyder es el resultado de aligerar un coche al máximo. Tanto es así que la marca incluso experimentó con un depósito de combustible esférico de titanio.

El concepto de ligereza siempre ha estado muy ligado al desarrollo de coches en Porsche. La firma de Zuffenhausen apostó por vehículos de peso reducido y una puesta a punto dinámica diferencial como argumento para dominar en las carreras desde sus orígenes como fabricante de automóviles en 1948. Esta obsesión por controlar cada gramo llevó a Porsche a desarrollar el 909 Bergspyder 20 años más tarde, con un peso de apenas 400 kilos que lo convirtió en el coche de carreras más ligero construido por la marca hasta ese momento, un modelo que, según el fabricante, sigue siendo el más ligero de su historia. Para lograrlo, los ingenieros recurrieron a soluciones poco convencionales, entre ellas un depósito de combustible esférico fabricado en titanio.

El depósito tenía el doble de tamaño que un balón de fútbol y estaba situado junto al motor, sujeto mediante tres correas. Se trataba de un recipiente a presión fabricado con titanio de apenas 0,8 milímetros de espesor que, a su vez, contenía una bolsa de goma. Antes de cada carrera, esta bolsa se llenaba de gasolina y se introducía nitrógeno en el espacio situado entre el titanio y la goma a una presión de 15 bares.

Reducir el peso y simplificar el sistema de combustible

El objetivo de Porsche, además de conseguir un depósito más ligero, era eliminar un componente del sistema de alimentación. Una manguera conectaba el depósito con la bomba mecánica de inyección de combustible. Gracias a la presión acumulada en el interior de la esfera, el 909 Bergspyder podía funcionar sin una bomba de elevación de combustible convencional. La solución permitió ahorrar 7 kilos de peso.

Puede parecer una cifra pequeña, pero en un coche de apenas 400 kilos suponía una diferencia considerable. Porsche estaba trabajando en una categoría en la que cada gramo podía tener un efecto directo sobre las prestaciones, especialmente en las carreras de montaña para las que había sido desarrollado el 909. El coche medía 3,48 metros de largo con una anchura de casi 1,8 metros y solo 75 centímetros de altura, y reunía numerosas soluciones destinadas a reducir su masa.

El Porsche de carreras conservaba elementos de su predecesor, el 910/8 Bergspyder, como los bujes de las ruedas, los muelles del chasis y las pinzas de freno de titanio, además de un bastidor tubular de aluminio y componentes del motor fabricados en titanio y magnesio.

Porsche 909 Bergspyder
Porsche 909 Bergspyder

También utilizaba unos discos de freno ultraligeros de berilio y una carrocería de plástico reforzado con fibra de vidrio que pesaba tan solo 10 kilos, montada sobre un bastidor de aluminio con muelles helicoidales de titanio.

A su vez, el 909 también sirvió como laboratorio para experimentar con la distribución de masas. El diferencial con autoblocante estaba situado en la parte posterior, mientras que el asiento, el motor y la transmisión de cinco velocidades se encontraban muy adelantados. El conductor quedaba sentado con los pies por delante del eje delantero, protegido únicamente por los delgados tubos de aluminio del bastidor y la carrocería de plástico.

Las prestaciones de un coche que solo pesaba 400 kilos

La combinación entre ese reducido peso y un motor bóxer de ocho cilindros y 2.0 litros capaz de desarrollar 275 CV de potencia, permitía al Porsche 909 Bergspyder acelerar de 0 a 100 km/h en 2,5 segundos. También contaba con una relación peso-potencia de 1,4 kg/CV, una cifra que, según Porsche, se aproximaba a la de los monoplazas de Fórmula 1 de aquella época. Dependiendo de la relación de cambio utilizada, podía alcanzar hasta 250 km/h de velocidad máxima.

Sin embargo, el experimento del depósito de combustible no tuvo el recorrido esperado. El 909 solo participó en dos pruebas antes de que Porsche abandonara el Campeonato Europeo de Montaña para concentrar todos sus recursos en el Campeonato Mundial de Sportscar y en Le Mans.

En la subida al Gaisberg, el motor sufrió problemas derivados de una mezcla excesivamente rica y varios fallos de encendido, lo que llevó a Rolf Stommelen a terminar tercero. Para la siguiente prueba, en el Mont Ventoux, el equipo combinó el depósito esférico con una bomba de gasolina convencional. Stommelen consiguió acabar en segunda posición.

Solo se construyeron dos unidades del 909 Bergspyder y la peculiar esfera de titanio desapareció junto con la breve trayectoria competitiva del modelo. Sin embargo, algunas de las soluciones desarrolladas para este coche tuvieron influencia en los Porsche que llegarían más tarde.

La distribución de pesos con la que experimentó Porsche en el 909 ayudó a la marca a desarrollar el 908/3, que en 1970 compitió en circuitos tan exigentes como Nürburgring y la Targa Florio. Además, la firma alemana descubrió que una combinación de medidas compactas, peso contenido y una potencia equilibrada le permitía construir coches de carreras ganadoras, lo que ha llevado a Porsche a conquistar multitud de victorias y títulos mundiales en las últimas seis décadas.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España