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¡Todo por un récord! El Porsche 935 más salvaje de la Historia

No es tan bestial como esperas. Espera: sí lo es.

Imagen de perfil de Alex Aguilar
El Porsche 935 más salvaje de la Historia

¿Te flipan las 24 Horas de Le Mans? Entonces el protagonista de este artículo te resultará conocido... aunque nunca lo hayas visto de esta guisa: hoy vengo a contarte la vida del Porsche 935 más salvaje de la Historia que, antes de asaltar el cajón más alto del podio de una de las pruebas más míticas del universo del automóvil, trató de ayudar a que alguien volara sobre una bicicleta. Una bicicleta, sí. 

Los alerones más salvajes de la Historia de Porsche

Aunque ahora mismo estés leyendo este texto con una expresión rebosante de perplejidad en la cara, todo lo que rodea al misterioso -y monstruoso- hermano vitaminado del Porsche 911 que ves en la imagen superior es bastante más sencillo de lo que parece. Corría el año 1978 y Jean-Claude Rude era un ciclista alemán obsesionado con batir el récord de velocidad sobre dos ruedas al que nuestros colegas de Stuttgart quisieron ayudar.

Sí, ya sé que lo más lógico hubiera sido poner a trabajar a un equipo de ingenieros en la creación de una bicicleta de alto rendimiento más ligera que el aire... pero eso implicaría hacer las cosas de un modo tremendamente aburrido. ¿La solución? Instalar un elefantiásico alerón en la parte trasera de una de sus criaturas de circuito con el objetivo de romper el aire que frenaría el avance del bueno de Rude. La meta era alcanzar los 240 km/h. Y con 800 CV debajo del pedal derecho no sería demasiado complicado para Henri Pescarolo, el piloto encargado de colocarse tras la rosca del 935. 

 

 

Desgraciadamente el intento de récord quedó en agua de borrajas cuando, siguiendo la estela del Porsche 935 más salvaje de la Historia, la rueda trasera de la bicicleta de Jean-Claude se desintegró provocando una estrepitosa caída de la que nuestro amigo salió completamente ileso. En serio. Y haberse llenado la boca de carretera no fue precisamente un obstáculo en su obsesión por la gloria... hasta que encontró la muerte dos años después tratando de conseguir su marca personal al lado de un tren de alta velocidad. El monstruo decorado de Martini, por su parte, continuó su carrera y se aupó al escalón más alto del podio del trazado de La Sarthe con Klaus Ludwig, Bill Wittington y Don Wittington a sus mandos. Porque cuatro es siempre mejor que dos...

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