¿Sabías que Skoda y Porsche fabricaron eléctricos e híbridos hace 100 años?

Tanto Skoda como Porsche investigaron la tecnología de coches eléctricos a principios del siglo XX, en los albores de una industria que buscaba su camino.

Aunque los coches eléctricos y modelos híbridos han vivido su máximo nivel de crecimiento en la última década, se trata de una tecnología que no es nueva. Hay marcas como Skoda y Porsche que ya investigaron estos tipos de vehículos durante los albores de la automoción, a principios del siglo XX, cuando la industria aún buscaba el camino a seguir en las próximas décadas.

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¿Motores de combustión interna o coches con baterías? ¿O ambos? El dilema surgió en torno al año 1900. Ya entonces, el 14 de abril se presentó en el Palacio de la Electricidad de la Exposición Universal de París un coche que usaba el sistema Lohner-Porsche. Un hito que resonó con fuerza en periódicos de toda Europa.

¿Coches de combustión o eléctricos? La balanza se inclinó hacia los primeros

Son muchos los motivos históricos para la victoria del combustible frente a la electricidad. Y aunque las malas lenguas siempre hablan de la presión de las petroleras, lo cierto es que no fue tal. La electricidad prácticamente nacía en el viejo continente y la tecnología aún era demasiado joven. Pero sobre todo, tenía demasiado recorrido por delante.

Los coches de combustión interna supusieron un antes y un después. Eran relativamente sencillos de fabricar y mantener, muchos ingenieros apostaron por ellos en todo el mundo y la infraestructura necesaria para moverse era sencilla (con poner un barril de combustible y un surtidor, era suficiente). Además, abundaba la materia prima y cada año se descubrían más reservas.

De todas formas, Ferdinand Porsche se presentó como co-diseñador de automóviles con aquel primer vehículo eléctrico a la edad de 24 años. En solo diez semanas, desarrolló el concepto para la compañía Jacob Lohner & Co. En esencia, se trataba de un coche con motores de cubo de rueda integrados en el eje delantero.

Cada uno generaba 2,5 CV de potencia y aquel cuadriciclo motorizado alcanzaba 32 km/h de velocidad máxima. Quizá no era mucho, pero en la época la combustión estaba a la par. Y era suficiente para usarse en las ciudades europeas y capitales de estado bien pobladas, con amplias calles e infraestructura.

Si bien, en estos albores eléctricos, se usaban baterías de plomo y ácido. Exactamente las mismas que hicieron famosos los taxis eléctricos de Nueva York a principios de siglo, con una autonomía de unos 40 kilómetros con una sola carga. Allí, en Estados Unidos, los ingenieros Henry Morris y Pedro Salom idearon también un simple mecanismo de intercambio de esas baterías.

En estaciones que parecían boxes de circuito, se usaban grúas para intercambiar los sistemas y poner a cargar las viejas. Tal fue el éxito que se formó la empresa Electric Wagon & Carriage Company, con más de 100 vehículos al entrar en el año 1900 por todo Nueva York.

Volviendo a Europa, Porsche pensó en usar esta tecnología en competición. Surgió el primer automóvil de tracción integral de la historia con 14 CV y se bautizó como La Toujours Contente. Y sobre ese sistema modular, el ingeniero alemán desarrolló el primer híbrido, que se empezó a fabricar en 1901 y que hacía funcionar al motor de combustión como un generador.

Skoda también se lanzó a la aventura de la electrificación. En 1905 comenzó la fabricación del primer coche de la marca, el Voiturette A de 7 CV de potencia con motor de combustión. Y en 1908 experimentaron con la hibridación, combinando un motor gasolina que actuaba de generador para el motor eléctrico principal. Obra del ingeniero Frantisek Krizik.

Aunque la necesidad de vehículos pesados para uso militar durante la Primera Guerra Mundial y la posguerra empujó a los fundadores de Skoda, Laurin y Klement, a fabricar camiones. Un negocio que haría subsistir a la marca en tiempos difíciles. Y vendrían peores con la Crisis de los Sudetes posterior, el desabastecimiento y los precios del carburante.

La gasolina subió de precio poco antes de la Segunda Guerra Mundial y las ciudades de Checoslovaquia no estaban muy lejos unas de otras. Además, la población estaba muy centralizada, así que decidieron desarrollar un camión eléctrico en 1939 alimentado por baterías de plomo recargables... Para repartir cerveza (siempre hubo prioridades).

La innovación de estas marcas puso los primeros cimientos del auge de la electromovilidad que vivimos ahora, casi 100 años después. Aunque la tecnología de combustión avanzó a pasos agigantados y con mayor facilidad. ¿Sucederá lo mismo en los próximos años con las baterías?

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